Lo que peor llevo del paro es cuando me preguntan si estoy en paro. La respuesta que adopte, sea cual sea, suena a justificación, como si estar en paro fuera por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa, e inmediatamente después me veo a mí misma con nueve años sin querer ir a la catequesis por odiar la frasecita en cuestión y al sacerdote que obligaba a los niños a golpearse el pecho mientras la recitaban; y ah... lo que peor llevo del paro inmediatamente después es el apagador de deseos de compra de libros y de idas al cine de mi subconsciente. Es implacable, me dice: NO, nada de libros nuevos ni cine, que los ahorros vuelan si no los controlas. Así que me he sacado el carné de la biblioteca pública que hay junto a mi casa y voy y vengo por las calles pisando las hojas secas, como sólo puede hacerlo un ocioso, en paro, si ya lo sabía yo...
En la biblioteca me he pillado algunos libros. Hoy destacaré 'De mecánica y alquimia', de Juan Jacinto Muñoz Rengel, porque aunque el estilo que emplea me deja un poco fría (fría de otoño tras haber leído inmediatamente antes a Günter Grass) sus cuentos historiados sobre el hombre y su ambición, ambientadas tan lejos que parece que no nos tocan, se me quedan pegados al cerebro como melaza en las horas en las que el buscar trabajo me da un respiro. Yo estoy parada, detenida en el tiempo, como sus narraciones, y sin embargo piso hojas secas, camino. El final está cerca.
miércoles, 12 de octubre de 2011
viernes, 12 de agosto de 2011
Tirar la toalla
Anteayer tiré la toalla.
Primero decidí hacerlo en sentido figurado y, más tarde, escenificarlo en plan drama, arrojando una al suelo del salón con el dorso de la mano sobre la frente. Ya se sabe, las cosas hay que hacerlas bien o no hacerlas, sí.
Esta mañana me he hartado de verla ahí tirada y la he echado a lavar. A lavarla en plan práctico, no sé qué traducción puede tener en lo figurativo, porque o la recojo yo o se queda ahí para siempre, y oye: una se cansa de que le recuerden sus fracasos, aunque lo que te lo recuerde sea un rescoldo de poesía miserable.
Primero decidí hacerlo en sentido figurado y, más tarde, escenificarlo en plan drama, arrojando una al suelo del salón con el dorso de la mano sobre la frente. Ya se sabe, las cosas hay que hacerlas bien o no hacerlas, sí.
Esta mañana me he hartado de verla ahí tirada y la he echado a lavar. A lavarla en plan práctico, no sé qué traducción puede tener en lo figurativo, porque o la recojo yo o se queda ahí para siempre, y oye: una se cansa de que le recuerden sus fracasos, aunque lo que te lo recuerde sea un rescoldo de poesía miserable.
viernes, 22 de julio de 2011
La nueva taxidermia, de Mercedes Cebrián
Leyendo a Mercedes Cebrián me entra el pánico. Mis dos novelas no publicadas van exactamente sobre los mismos temas (los recuerdos, una, el humano escondido tras el muñeco, la otra) y me pregunto, ¿todos estos años quizá hayamos llevado vidas paralelas sin saberlo?, ¿la habrán dejado tirada los mismos tíos que a mí, habrá comido los mismos cereales de desayuno, leído la misma parte de atrás de los champús mientras defecaba, paseado las mismas novelas sobadas en el bolso mientras usaba el transporte público?, ¿habrá aceptado trabajos tan denigrantes, tenido jefes tan hipócritas, amigos tan cobardes?
La nueva taxidermia es literatura valiente, cómo no me lo iba a parecer a mí, que he escrito sobre lo mismo, vidas similares, pensamientos globales. Jodido y puto mundo global, ya me puedo limpiar el culo con los dos manuscritos, porque aunque han sido escritas hace mucho, mucho, mucho, si se publican algún día olerán a ya leído. Ah, vana esperanza. Quizá Mercedes Cebrián es mi yo desdoblado, ella soy yo, sólo que es el yo mío con posibles que se arriesgó y se fue a estudiar a Madrid. Se fue a estudiar a Madrid y aprendió a titular: ‘Voz de dar malas noticias’ es el título más atrayente con el que me he topado en los últimos tiempos. Su contenido, engancha, a pesar de que tiempo y energía no es lo que me sobra en este momento.
En realidad puedo estar contenta, porque con su éxito me debería hacer sentir como si yo también triunfara. Como todos esos energúmenos enfebrecidos que gritan como locos cuando su equipo marca un gol.
Golazo de Cebrián!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
La nueva taxidermia es literatura valiente, cómo no me lo iba a parecer a mí, que he escrito sobre lo mismo, vidas similares, pensamientos globales. Jodido y puto mundo global, ya me puedo limpiar el culo con los dos manuscritos, porque aunque han sido escritas hace mucho, mucho, mucho, si se publican algún día olerán a ya leído. Ah, vana esperanza. Quizá Mercedes Cebrián es mi yo desdoblado, ella soy yo, sólo que es el yo mío con posibles que se arriesgó y se fue a estudiar a Madrid. Se fue a estudiar a Madrid y aprendió a titular: ‘Voz de dar malas noticias’ es el título más atrayente con el que me he topado en los últimos tiempos. Su contenido, engancha, a pesar de que tiempo y energía no es lo que me sobra en este momento.
En realidad puedo estar contenta, porque con su éxito me debería hacer sentir como si yo también triunfara. Como todos esos energúmenos enfebrecidos que gritan como locos cuando su equipo marca un gol.
Golazo de Cebrián!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
jueves, 2 de junio de 2011
Esperando al enemigo, de Gonzalo Calcedo.
Marcha atrás. Creo que es el sentido propio de la marcha humana, hacia atrás. Siempre que las cosas se nos tuercen un poco, nuestra propia armada, a la que mantenemos a pan y agua y fiera, dispuesta a entrar en combate con nosotros mismos en pos de la cordura, saca sus galas y echa la vista atrás para coger fuerzas. El pasado es muy fácil, aún habiendo experimentado las realidades más difíciles y depravadas tendemos a cubrirlo todo de sepia, que evita los matices.
Digo esto porque ahora mismo cogería sin dudar cualquier trabajo de mierda de los que tuve, y un año antes no, un año antes nunca, y ahora, sin embargo.
Hoy entiendo a aquellos que vuelven al pueblo, a los que regresan con sus ex sin ponerse colorados, y forman familia, y silban al pasar por las esquinas soleadas de las calles. Hoy leo a Carver y, de nuevo, me parece grandioso. Hoy leo ‘Esperando al enemigo’, de Gonzalo Calcedo, y no me importa echar la vista atrás, es más, me siento cómoda instalada aquí, en la calidez del relato de la historia dentro de la historia. Y puede, sí, tal vez cogería un trabajo de 780 euros, sí, al menos son 780 euros.
Digo esto porque ahora mismo cogería sin dudar cualquier trabajo de mierda de los que tuve, y un año antes no, un año antes nunca, y ahora, sin embargo.
Hoy entiendo a aquellos que vuelven al pueblo, a los que regresan con sus ex sin ponerse colorados, y forman familia, y silban al pasar por las esquinas soleadas de las calles. Hoy leo a Carver y, de nuevo, me parece grandioso. Hoy leo ‘Esperando al enemigo’, de Gonzalo Calcedo, y no me importa echar la vista atrás, es más, me siento cómoda instalada aquí, en la calidez del relato de la historia dentro de la historia. Y puede, sí, tal vez cogería un trabajo de 780 euros, sí, al menos son 780 euros.
martes, 17 de mayo de 2011
El becario
Lo que nadie esperaba era que el becario fuera guapo y eficiente. Dan ganas de abrirle en canal para estudiar sus entrañas, sólo para ver si es humano o cortocircuita. Es un estudiante universitario que lleva tres años sin parar de hacer varios master y cursos porque no encuentra ningún trabajo en esta tierra del sur que parece más seca que nunca a pesar de las flores que pueblan los naranjos y el engañoso olor a azahar que invade las calles, como si estuviera la cosa para alegrías primaverales. Lo que nadie esperaba era que el becario hubiera sido rechazado para cubrir varios puestos por estar más formado de la cuenta, sin tener en su historial ni un solo día de cotización, con 29 años que tiene y esa cara de haberse escapado de un anuncio de El Corte Inglés. Lo que yo no esperaba era que después de haber trabajado como una mula, de haber perdido el pelo por el estrés, fuera tan jodidamente fácil sustituirme. Y me pregunto dónde no pareceré yo excesivamente formada (una licenciatura, tres master, un postgrado y once años de experiencia). Me pregunto si podré mentir en Mercadona diciendo que soy estudiante universitaria (calva) para que me contraten los fines de semana, y me lamento de no tener madre alemana o padre inglés que me hubieran abierto de par en par las puertas de estas fronteras donde ya no siento que pertenezco (hay que escapar mientras se pueda).
Lo que no esperaba era que el becario me invitara a tomar un refresco, al menos él tendrá el dinero de la beca un año, mientras que yo me iré a la calle sin paro, me dice, y tiene razón, y la coca cola está fresquita, y le chispean los ojos, porque parece ilusionado con esta mierda de trabajo improductivo en el que va a sustituirme, o no, será por el gas del refresco. Lo que yo no me esperaba era que el becario me preguntara si tengo novio, y mientras pienso en qué contestarle hago el cálculo: en un momento dado... ¿podríamos vivir los dos con los 550 euros de su beca? Creo que es fácil de engañar, al menos parece que aún no se ha dado cuenta de lo que soy, de lo que supongo, con esta inmensa sensación de fracaso agarrada a la chepa, al fin y al cabo, es guapo, tiene mucha formación y poca experiencia, tiene las hormonas revolucionadas con la primavera, puede que nunca se de cuenta que mi pelo pelirrojo es pelo de peluca.
Lo que no esperaba era que el becario me invitara a tomar un refresco, al menos él tendrá el dinero de la beca un año, mientras que yo me iré a la calle sin paro, me dice, y tiene razón, y la coca cola está fresquita, y le chispean los ojos, porque parece ilusionado con esta mierda de trabajo improductivo en el que va a sustituirme, o no, será por el gas del refresco. Lo que yo no me esperaba era que el becario me preguntara si tengo novio, y mientras pienso en qué contestarle hago el cálculo: en un momento dado... ¿podríamos vivir los dos con los 550 euros de su beca? Creo que es fácil de engañar, al menos parece que aún no se ha dado cuenta de lo que soy, de lo que supongo, con esta inmensa sensación de fracaso agarrada a la chepa, al fin y al cabo, es guapo, tiene mucha formación y poca experiencia, tiene las hormonas revolucionadas con la primavera, puede que nunca se de cuenta que mi pelo pelirrojo es pelo de peluca.
martes, 10 de mayo de 2011
A bordo del naufragio (Alberto Olmos)
Pues como yo misma me siento a bordo del naufragio laboral después de haber estudiado en una facultad muy parecida a la que describe Olmos en su novela, me puse a leerla con interés agónico, que es el auténtico interés lector, para que lo sepáis.
Al principio me dio bastante pena que, debido a la mera casualidad, me hubiera leído el ‘Autoayuda’ de Lorrie Moore antes que el ‘A bordo del naufragio’, eso me hizo, quién sabe el motivo, disfrutar menos del estilo, por otra parte interesante (aunque fastidioso en la auto justificación del narrador que se hace en algún momento). El personaje protagonista que recrea me genera, sin embargo, un sentimiento extraño, pues es como si le apreciara a él, con sus miserias y su misantropía, pero sin embargo, no pudiera soportar al jodido narrador metomentodo que me lo cuenta, siendo más o menos, la misma cosa. Si esa era la intención (si es que un propósito existe en la escritura), bravo, bravo.
Supongo que, al igual que algunas entradas de su blog (que descubrí no hace mucho), me produce ese sentimiento dual inexplicable de atracción rechazo que probablemente él pretenda para sus lectores, con lo cual, le reconozco el mérito. Como el rascarse cuando pica. Hasta hacerse costra.
P.S: No pensaba añadir este aparte, pero sí, para que sepáis que el script no es sólo necesario en cine. En el libro hay un personaje, una vecina vieja que recorre los pasillos del descansillo del bloque donde vive el protagonista, que al principio viste una bata rosa con bolitas y que, al final, él rememora vestida con una bata azul, y ahí mi imaginación hizo crash: esa vieja me era más cercana cuando vestía de rosa. Imagino que ya le habrán comentado ese detalle mil veces, pero a mí me sacó momentáneamente del relato, qué queréis que os diga, puntillosa que es una. Tal vez Olmos me contrate algún día como script de sus novelas. Y ahí os dejo, mientras espero que llegue el becario que a partir del mes que viene hará mi trabajo, para reducir costes, que hay crisis. Tengo que dejárselo todo bien explicadito. Rascarme si me pica, arrancar un poco de piel muerta aquí, de resentimiento allá. Mientras he de sentarme a esperar (sin derecho a paro, los autónomos encubiertos, ya se sabe), a ver cómo solidifica mi pústula.
Al principio me dio bastante pena que, debido a la mera casualidad, me hubiera leído el ‘Autoayuda’ de Lorrie Moore antes que el ‘A bordo del naufragio’, eso me hizo, quién sabe el motivo, disfrutar menos del estilo, por otra parte interesante (aunque fastidioso en la auto justificación del narrador que se hace en algún momento). El personaje protagonista que recrea me genera, sin embargo, un sentimiento extraño, pues es como si le apreciara a él, con sus miserias y su misantropía, pero sin embargo, no pudiera soportar al jodido narrador metomentodo que me lo cuenta, siendo más o menos, la misma cosa. Si esa era la intención (si es que un propósito existe en la escritura), bravo, bravo.
Supongo que, al igual que algunas entradas de su blog (que descubrí no hace mucho), me produce ese sentimiento dual inexplicable de atracción rechazo que probablemente él pretenda para sus lectores, con lo cual, le reconozco el mérito. Como el rascarse cuando pica. Hasta hacerse costra.
P.S: No pensaba añadir este aparte, pero sí, para que sepáis que el script no es sólo necesario en cine. En el libro hay un personaje, una vecina vieja que recorre los pasillos del descansillo del bloque donde vive el protagonista, que al principio viste una bata rosa con bolitas y que, al final, él rememora vestida con una bata azul, y ahí mi imaginación hizo crash: esa vieja me era más cercana cuando vestía de rosa. Imagino que ya le habrán comentado ese detalle mil veces, pero a mí me sacó momentáneamente del relato, qué queréis que os diga, puntillosa que es una. Tal vez Olmos me contrate algún día como script de sus novelas. Y ahí os dejo, mientras espero que llegue el becario que a partir del mes que viene hará mi trabajo, para reducir costes, que hay crisis. Tengo que dejárselo todo bien explicadito. Rascarme si me pica, arrancar un poco de piel muerta aquí, de resentimiento allá. Mientras he de sentarme a esperar (sin derecho a paro, los autónomos encubiertos, ya se sabe), a ver cómo solidifica mi pústula.
miércoles, 30 de marzo de 2011
Instituto Coca Cola de la Felicidad
Mi mejor amigo me pasa este enlace:
http://www.institutodelafelicidad.com/
Y me dice: Mira atentamente y, oh, maravíllate con la capacidad de las empresas de jugar con conceptos tan filosóficamente discutidos como el de ‘Felicidad’.
Yo busco y rebusco en la dichosa y enigmática web y no veo más que datos sin sentido de una encuesta ciudadana para vender más Coca Cola, y así se lo hago saber. Mi mejor amigo (no, este no escribe) me informa de que ha enviado nu mail a la dirección de contacto preguntándoles en qué definición sobre el término ‘Felicidad’ se han basado para hacer el estudio.
Señores, Coca Cola responde siempre a sus clientes (potenciales o no). No os quedéis con las ganas:
Estimado amigo:
Muchas gracias por tu correo y por hacernos llegar tus dudas/comentarios.
En primer lugar aclarar que desde el Instituto Coca-Cola de la Felicidad no nos ceñimos a ninguna definición de Felicidad, no es nuestro cometido y de ninguna forma nos atreveríamos a tamaña responsabilidad.
El Instituto Coca-Cola de la Felicidad es una organización sin ánimo de lucro, con el único fin, de investigar y difundir conocimientos sobre Felicidad.
Contamos con una serie de expertos que trabajan para estudiar tan codiciada materia, recoger datos, ofrecer ponencias y de esa forma, poder dar a conocer, las claves de cómo son las personas que se consideran felices; Por supuesto no somos (ni nos consideramos) quién para dar un decálogo sobre felicidad, simplemente trabajamos para conocer el perfil del ciudadano feliz y darlo a conocer a todos, como ves únicamente a nivel divulgativo.
Es por ello que la definición de la Felicidad consideramos que es puramente intrínseca a cada uno de nosotros, la que vale para uno, puede no ser la más acertada para otro;
Por ello, no nos ceñimos a la definición de ningún pensador o intelectual, aunque respetamos e incluso admiramos casi todas.
Con el fin de que nos conozcas un poco más, si es que esto es posible, nos gustaría informarte de la posibilidad de encontrar diversos estudios que hemos realizado que se pueden descargar libremente en nuestra página web.
En ellos, intentamos explicar de forma más clara, cuál es nuestro objetivo y a su vez, ofrecer una visión más cercana de algunos de los expertos que colaboran con esta institución, a la que tanto aprecio tenemos.
Una vez más agradecerte tus comentarios.
Por nuestra parte decirte que estamos a tu entera disposición.
Un cordial saludo,
Instituto Coca-Cola de la Felicidad
Además le informan amablemente de que se quedan con sus datos, pero que oye, que cumplen la LOPD, sin miedo...
¡Felicidad para todos!
http://www.institutodelafelicidad.com/
Y me dice: Mira atentamente y, oh, maravíllate con la capacidad de las empresas de jugar con conceptos tan filosóficamente discutidos como el de ‘Felicidad’.
Yo busco y rebusco en la dichosa y enigmática web y no veo más que datos sin sentido de una encuesta ciudadana para vender más Coca Cola, y así se lo hago saber. Mi mejor amigo (no, este no escribe) me informa de que ha enviado nu mail a la dirección de contacto preguntándoles en qué definición sobre el término ‘Felicidad’ se han basado para hacer el estudio.
Señores, Coca Cola responde siempre a sus clientes (potenciales o no). No os quedéis con las ganas:
Estimado amigo:
Muchas gracias por tu correo y por hacernos llegar tus dudas/comentarios.
En primer lugar aclarar que desde el Instituto Coca-Cola de la Felicidad no nos ceñimos a ninguna definición de Felicidad, no es nuestro cometido y de ninguna forma nos atreveríamos a tamaña responsabilidad.
El Instituto Coca-Cola de la Felicidad es una organización sin ánimo de lucro, con el único fin, de investigar y difundir conocimientos sobre Felicidad.
Contamos con una serie de expertos que trabajan para estudiar tan codiciada materia, recoger datos, ofrecer ponencias y de esa forma, poder dar a conocer, las claves de cómo son las personas que se consideran felices; Por supuesto no somos (ni nos consideramos) quién para dar un decálogo sobre felicidad, simplemente trabajamos para conocer el perfil del ciudadano feliz y darlo a conocer a todos, como ves únicamente a nivel divulgativo.
Es por ello que la definición de la Felicidad consideramos que es puramente intrínseca a cada uno de nosotros, la que vale para uno, puede no ser la más acertada para otro;
Por ello, no nos ceñimos a la definición de ningún pensador o intelectual, aunque respetamos e incluso admiramos casi todas.
Con el fin de que nos conozcas un poco más, si es que esto es posible, nos gustaría informarte de la posibilidad de encontrar diversos estudios que hemos realizado que se pueden descargar libremente en nuestra página web.
En ellos, intentamos explicar de forma más clara, cuál es nuestro objetivo y a su vez, ofrecer una visión más cercana de algunos de los expertos que colaboran con esta institución, a la que tanto aprecio tenemos.
Una vez más agradecerte tus comentarios.
Por nuestra parte decirte que estamos a tu entera disposición.
Un cordial saludo,
Instituto Coca-Cola de la Felicidad
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