Mostrando entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas
martes, 18 de noviembre de 2014
Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, y no estoy hablando de DFW
Querido muy mejor amigo, y querido Tallón, os escribo porque sé que sois los únicos que me leéis de año en año, y creo que afortunadamente, porque de lo contrario no podría ser tan sincera en lo que os voy a contar: he cometido un error muy grave, terrible, de espasmo y rictus, de encontrar el cadáver cagado de alguien en un pasillo con una estúpida sonrisa en su rictus cadavérico: le he dicho a un amigo literario que no me importaba leerme su obra y hacer algunas anotaciones y sugerencias.
Ahora mismo el señor Tallón se estará partiendo la caja, que no lo conozco, pero como si lo hubiera parido.
Yo no había leído nada antes de este escritor, pero habíamos hablado de literatura en los bares, que es donde hay que hablar sobre escribir. Os diré que si tu interlocutor se pide un gin tónic, pues le crees ciegamente, como si tuvieras delante al mismísimo Shakespeare hecho carne, porque uno no puede lamentarse del mercado literario, de vivir en Sevilla donde no publicaría ni Cortázar, uno no puede quejarse de lo difícil que es acceder a editoriales, de la mierda que se publica ante una ginebra fresquita mientras el manuscrito verdaderamente iluminado de él, oh autor desconocido, se pudre en un cajón. No es posible, y yo me lo creí a pies juntillas: la magia de la alcoholemia en una madre reciente que acaba de destetar a su segundo vástago y que se marea a la primera Coronita. Qué triste Tallón, con lo que yo he sido... Pues me ofrecí, pensé: será divertido. Pensé: a veces me gustaría que alguien se ofreciera a leer lo mio y me hiciera una crítica realmente sincera, desde el punto de vista lector y no literario, y pensé, además será divertido.
Sí, algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, y no estoy hablando de DFW, que también, como siempre, es que que ah, queridos, ha sido divertido como meterse astillas entre las uñas de los pies y la carne y colocarse un zapato estrecho. Y lo peor: no he leído el libro de un amigo, sino cuatro libros de cuatro autores diferentes, se ha corrido la voz como la pólvora porque no cobro, imagino. Dos tienen un pase (aunque aún mucho trabajo), pero los otros dos son sencillamente horribles.
Os quiero tranquilizar, ya he dicho basta, no lo haré más, como el niño que se come los mocos y luego reincide, pero no porque me moleste el trabajo, no, es porque me hace sentir muy triste. Muy triste, mucho, mucho. Ellos de verdad piensan que son buenos y sus escritos hacen tanta agua que repoblamos el Sáhara y lo convertimos en un vergel, amigo míos. Qué generación de gente que se cree escritor, me pone muy triste y me hace desear que nadie más jamás se lea mis escritos, porque; bien si lo mio huele igual de mal; bien si de verdad es bueno y está en un cajón mientras esa otra mierda se publica, las dos posibilidades son igual de tristes para mi.
Queridos, volveré, lo prometo, pero para hablar de la literatura de los que hayan publicado, por lo menos, para poder criticar con nombre propio.
Os echo a veces tanto de menos en las horribles horas de oficina donde han capado Internet y ya no puedo comentar en vuestras entradas...
Amor del bueno, de pecho pirata tatuado, hacia vuestra obra aunque no os lo pueda escribir ya en los muros de Dios.
Un abrazo.
Vuestra Diva.
viernes, 28 de marzo de 2014
He leído algunas cosas que no creeríais
La baja maternal dio para poco, pero he leído algunas cosas que no creeríais, como ‘Tenemos que hablar de Kevin’, de Lionel Shriver. Sí, ya sé, un mega libro en forma de carta falsa (falsa falsísima, pues en ella cuenta a su marido diálogos completos de los dos, qué cosa extraña se me hace esto siempre) con narrador madre de clase alta americana a la que le sale el hijo psicópata. Igual no es lectura apropiada mientras acunas a un bebé, y puede que por eso no me identificara con la protagonista en su intento de escurrir el bulto sobre cómo le salió el hijo. ¿Realmente necesitaba tantas páginas para auto justificarse? Me daban ganas de meter la mano dentro de la historia y zamparle un par de bofetedas a todos, al hijo, a la madre, y al padre, todos habrían pillado rasca. Zas, Zas.
Leí también ‘Cuatro por cuatro’, de Sara Mesa, que me decepcionó un poco (en el libro de relatos ‘No es fácil ser verde’ sus ideas, su prosa, me prometían algo más, aunque tiene en relato, ‘Hormigas’, que aún recuerdo por haber pensado que desentonaba completamente con el resto del volumen). No sé, la historia de ‘Cuatro por Cuatro’ se me queda huérfana, cojita, de esas veces que sabes que te falta algo pero no puedes precisar el qué; parece que da una idea interesante en la que no ha querido ahondar, el poder, qué mierda el poder, y ya, no sé por qué no se moja, me falta que se moje, arder o helarme, la tibieza me enferma.
Leí ‘Intemperie’, de Jesús Carrasco, que me mantuvo enganchada a la historia pesar del estilo. No tengo nada en contra del estilo, pero me harta. Tanta palabra específica me hacía agradecer estar leyéndolo en e-reader. Con Intemperie me pasa un poco igual. Qué mierda es el poder, qué injusto. Y ya. Es una historieta desagradable, agradabe de seguir, no le veo el para tanto.
He leído más, pero no me acuerdo. Sin duda mi aterrizaje de nuevo en el vino me ha dejado sin neuronas.
En la foto Ezra Miller, que es capaz de mirar con mucha mala leche acumulada en la película, aunque en el libro, la madre, que narra, dice que nadie más que ella se daba cuenta. Oh.
miércoles, 6 de noviembre de 2013
Segundas partes nunca fueron buenas
Pensaba que para volver a publicar algo en este blog después de tantos meses de silencio tendría que escribir un increíble post resumen de mis últimas vivencias, algo grande y con garra, pero no, mi cerebro ha hecho plof, estoy seca, así que haré un resumen mierder porque de lo contrario no volveré a arrancar jamás: dos meses de reposo médico panzarriba después de mi último post nació mi segundo hijo, que para colmo, tiene el mismo padre que el primero. Ya lo sé, segundas partes nunca fueron buenas, tú estás loca, bla bla bla. Él cuida del primero, yo del segundo. Un bebé y todo lo que trae consigo (salvo depresiones post parto, que de eso no tengo, todo lo demás es mío, sueño, amor incomprensiblemente intenso por tres kilos de carne humana, sueño, sueños, teta, cacas, ropitas, problemas con la higiene personal por miedo a dejar solo al bebé, todo, todo mío, más algo de lectura y algo de cine en dvd y la muerte absoluta de mi ya escasa vida social). Así están las cosas y así se lo hemos contado. Disculpad lo que diga a partir de ahora, no soy yo, son mis hormonas: os quiero, asquerosos, por ser los únicos que permanecéis (sobre todo tú, mi muy mejor amigo, desde esa mierda de país frío donde te has ido a poner cervezas, hijoputa).
martes, 14 de mayo de 2013
Una buena patada en los huevos
Estoy ahorrando. Ahorro dinero, para comprar los libros de algunos amigos o escritores contemporáneos que admiro o que me generan curiosidad, llamadlo como os de la gana, una tiene su dosis de enfermedad y punto, y resulta que sus libros salen pronto o muy pronto y necesito mi antídoto; también resulta que es más barato que el psicólogo, así que ahora desayuno media tostada con aceite sin bebida, me preparo de paso para la operación bikini, y obtengo un saldo extra de 0,50 al día. Voy a echar de menos mis dos Tigretones diarios, pero quiero esas mierdas de otro en papel, soy una sentimental. También ahorro energía, porque llevo un par de meses deseando darle una patada en los huevos a un gilipollas de la oficina y se me está poniendo muy a tiro: como vuelva a decirnos que no hace falta que leamos lo de las sombras de Grey, que él nos instruye, se me va a ir el piececito, lo juro, lo soltaré como un resorte, que para eso lo llevo aguantando en su sitio desde que mi jefe me dijo que necesitaba que tuviera disponibilidad los fines de semana (por menos de setecientos euros al mes, oiga) y que le diera mi móvil personal (porque de empresa no tengo, obviamente) para añadirme al what´s up, por si me tenía que avisar para alguna cosa. También me dijo que le hiciera de espía con una compañera, literalmente, “a lo Clarence Linspector”, imagino que lo de Clarice le sonaría demasiado al Silencio de los Corderos, y que el apellido debe de sonarle a detective privado, o algo. Me negué, claro, pero con las excusas baratas de que no tengo smartphone (con lo que cobro, es normal, le dije, y sonreí) y de que no veo a dicha compañera levantarse o sentarse desde mi oscuro cubículo, ya sabéis, nunca os dije que fuera una mujer valiente.
martes, 19 de marzo de 2013
No te preocupes por nada
Ya sé que dije que iba a estar más positiva, pero sinceramente, siempre que escucho esta frase (y no sólo de boca del gobierno de turno) me echo a temblar. Si alguien me dice que no me preocupe por algo yo me lo imagino dándose la vuelta y redactando mi panegírico, y lo único que me lleva a esta conclusión es la experiencia pura. Tuve un trabajo donde tardaban meses en pagarnos y el jefe vino desde Madrid a tranquilizarnos y traernos las nóminas antes de que nos fuéramos de allí con los Mac bajo el brazo: ‘No os preocupéis, mañana las ingreso’, y a la mañana siguiente lo que vimos fueron las fotos que le habían hecho (un compañero de Deportes, las cosas en el periodismo no pueden ser más cutres) en la noche más putera de su vida, metiéndose nuestras nóminas por el tabique de platino directamente desde el escote de una guarra; y bueno, nunca más se supo. Ahora que tengo ya una edad y que se supone que debo actuar con cabeza y estar alerta de los ‘Tú no te preocupes’ es precisamente cuando no dejo de escucharlos por todas partes. Al final no pillé cacho con Sed de Mal, pero sí que se acostó con una amiga del instituto hace poco, a la que y le dijo, ‘No hay condones, pero tú no te preocupes’, y ahora mi amiga está esperando los resultados de unas pruebas para ver si le ha pegado una clamidia. Mi agente literaria me dice ‘Conseguir publicar tu libro con tu estilo es difícil, pero tiene mucha calidad, tú no te preocupes’, y veo que no saldrá jamás del cajón de mi mesa. Han echado a cuatro compañeros por motivos tan absurdos como mandar un informe sin grapar o publicar un contenido con tres palabras pegadas, pero me dicen ‘Tú no te preocupes’, y sé que es para ir ahorrando para comprar el billete a Sudamérica.
La conclusión que saco de todo esto es que siempre hay clases, unos que, pase lo que pase nunca se han de preocupar por nada, y otros a quienes nos han de decir continuamente que no nos preocupemos para que podamos seguir sobreviviendo, consumiendo, actuando de un modo supuestamente moderno, teniendo fe, ya sabéis, si al final el que es pobre y chusma es porque se preocupa mucho y no piensa positivo, ya os lo decía yo.
Take your pills and stay calm...
Take your pills and stay calm...
miércoles, 20 de febrero de 2013
Un final trágico, por favor
En días como hoy, en los que el médico de cabecera me pregunta cuando voy a verla si fui una hija deseada o si nací vía cesárea o vaginal, aunque haya ido a la consulta sólo porque me duelen las muelas y no tengo para pagarme el dentista privado, es cuando clamo al cielo un final trágico, por favor. Si no para las doctoras de cabecera (que se enfadan si las llamas así e insisten en que son médicos ‘de familia’, por favor, que para eso tienen la titulación), al menos para mí, para poder meter la cabeza en un boquete y descansar de tanta desfachatez. Pero hoy he pedido ese final trágico con la boquita pequeña, porque en la sala de espera estaba yo leyendo ‘Piezas en fuga’, de Anne Michaels, y una chavala muy joven se ha acercado a preguntarme si estaba bien la novela, porque ella conocía sólo la poesía, gracias a su profesora de literatura. Ah, una pena que fuera una chica y no un tío bueno, pero en fin, le he dicho que estaba muy bien, y me ha contestado, uf, es que no sé si atreverme, estoy hasta el coño de las novelas sobre las víctimas de la segunda guerra mundial y tal, y bueno, yo le he dicho que pensaba que esta era un poco más que eso, en realidad, que le van a encantar los tres narradores, que se va a identificar con el último, aunque sea un hombre, y se ha encogido de hombros, así que bueno, nadie dijo que fuera llegar y topar, los rayos de luz entre las nubes negras no siempre son cosa buena, a veces te dan directamente en los ojos y te dejan cegata, joder, que te quejas por todo, Diva. Supe inmediatamente quién era su profesora de literatura, mi amiga la que escribe ha pillado una interinidad, ah, empuerquemos el cerebro juvenil con calidad, poco a poco, oh yeah...
jueves, 22 de noviembre de 2012
Es una mierda tener sueños
Me explico, ese rollo de las metas está bien para según qué personas (están bien sobre todo para las que pueden encajar bien los fracasos), pero yo me refiero al tipo de sueños que uno sufre mientras duerme, porque esos no se pueden controlar, al menos de manera consciente. Cuando sueño con él me levanto mal, con una sensación horrible, como de haber estado leyendo infinitas veces los cuentos sobre morirse de ‘Velocidad en los jardines’, de Tizón, y no haberme recuperado aún de la lectura. A veces en el sueño tiene la misma cara que a los dieciocho años y yo ya estoy vieja, pero me conmueve igual que me mire por encima de las gafas de sol y me sonría, me hace sentir débil porque no hay nada más frágil que una vieja que vive con intensidad adolescente. Ya sé todo ese rollo de que en los sueños el soñador es siempre todos los personajes, y que cuando le sueño en realidad no es él, en realidad es sólo mi yo romántico y estúpido, pero me levanto con la boca seca y un pellizco enorme en las entrañas, como unas ganas permanentes de dar de vientre. Es una mierda tener dieciocho aunque sea en sueños, no poder recordarme a mí misma que toda ilusión tiene los días contados, que ese sufrimiento tendrá su fin, que me voy a despertar de un momento a otro y que ya mismo es Navidad otra vez, ¿no es para estar contento?
viernes, 26 de octubre de 2012
La depresión post fin de semana con amigos
Hay veces en las que me visitan amigos a los que normalmente tengo lejos y me lo paso tan bien que cuando se van entro en una espiral nostálgica casi depresiva. Supongo que es similar a lo que me pasa cuando estoy leyendo un libro que me está apasionando, que a medida que me voy a cercando al final me voy poniendo triste, y lo dilato, a veces hasta pongo un rato la tele y lo dejo encima de la mesa semanas enteras antes de acometer la lectura del final. Y es que creo que por cada libro bueno que me leo me tengo que tragar seis mierdas, y es por esa estadística que no quiero finiquitar el bueno cuando doy con él, es obvio, pues tengo aún seis basuras por delante por las que a veces hasta pago. Cuando vienen al sur buenos amigos y tengo la oportunidad de vencer mi pereza extrema y salir a tomar algo siempre acabo disfrutando y pensando en qué hago yo todavía en esta ciudad, en por qué no soy yo la que regresa y se marcha cada puente largo, en por qué no abandono el papel de anfitriona, en por qué no dejo de leer un libro cuando a las 20 páginas me doy cuenta de que es una bazofia. ‘Aquí todo es mejor’, de Justin Taylor, me lo he leído muy, muy deprisa. Tenía todos los elementos para que me gustara, pero no me he visto dentro. Me leía dos, tres cuentos mientras mis amigos despertaban de la borrachera y se quejaban de la edad porque no aguantamos ya bien los gintónics, y pensaba que las vidas pretendidamente tristes que me describe Taylor, repletas de inacción, estaban mucho más lejos de mí que los relatos de Ray Bradbury sobre la luna. Sin embargo, y no sé si es paradójico, mi vida está repleta de inacción. Mis amigos se marchan y yo me quedo, lamentándome por haberme enterado de tantas novedades de golpe y por haberme perdido esa parte de sus vidas. Lamentándome porque hace cinco años que yo no tengo novedades que contar. Hay veces que uno está predispuesto a que algo guste, a que algo sorprenda, a que algo cambie, y sin embargo lee y le parece todo lo mismo, el mismo personaje, las mismas comas, el mismo escenario, aunque en realidad no. La depresión post fin de semana con amigos lo nubla todo, nubla la lectura, la botella a medias sobre la mesa, la cantidad ingente de dulces que han sobrado, joder, todo el mundo a dieta, la certeza fugaz de que basamos este tipo de amistades en sentimientos añejos y en la mentira extrema del desconocimiento real, pero no, no nos detenemos ahí, es una niebla que queremos disipar a base de soplar con todas nuestras fuerzas.
martes, 16 de octubre de 2012
Respira, respira, nada alterará tu paz
“Memoria de la nieve es la intensa y desasosegante primera novela de la joven escritora gaditana Marian Womack. Un libro donde la nieve es la sustancia que altera la realidad y une a los muertos con los vivos”. Así, así me han vendido esta ‘novela’, y buscando qué tenía de novela y por qué no han advertido que era un libro de relatos me he pasado las 136 páginas. Mierda. Yo consumo libros de relatos, es más, me gustan, me apasionan, pero me cabrea sobremanera que me digan, eh, esto es una novela, y yo llegue al cuanto siete buscando la puñetera relación entre las historias anteriores y la que estoy leyendo, una relación de novela, ya me entienden, no una de libro de relatos donde ningún personaje tiene absolutamente nada que ver con el anterior. Yo lo habría disfrutado, seguro, con tal de que hubiera sabido que estaba ante un libro de relatos. Simplemente quería desahogarme, porque estamos a mediados de mes y no me queda presupuesto para Tigretones, me lo he gastado en libros novelas que son de relato, en realidad.
lunes, 17 de septiembre de 2012
Anagramas
Todo se acaba, lo bueno y lo malo, lo que pasa es que nos damos más cuenta de que se acaba lo bueno porque no suspiramos aliviados, sino que miramos a un lado y a otro de la calle como si nos faltara el aire. Se me han acabado las vacaciones, y con ellas, ‘Anagramas’, ese libro de relatos de Lorrie Moore que en su día se empeñaron en decir que era una novela. Ha sido pecado llevarlo a la playa, este tipo de libros no deben llenarse de arena, porque la arena entre las tapas es como la arena entre las sábanas, que no te deja leer a pierna suelta, pero es que se me ocurrió que iba a ser mi arma de defensa contra la portada de ‘Cincuenta sombras de Grey’, que abrían ensimismadas todas mis compañeras de parcela playera. Seis tochos de sombras para un metro cuadrado de playa es mucha sombra, y yo que venía a tomar el sol, pensé, así que no pude más que parapetarme detrás de la Moore, para que los ligones de playa supieran que estaba allí para descansar y no para darle al cuero (ese placer, señores, ya lo tienen mis jefes sin necesidad de malgastar días de vacaciones en ello). Los ligones de playa no saben quién es Lorrie Moore, pero entienden cuándo una mujer ladra, porque Anagramas te deja en ese estado, el de querer cagarte en el género masculino y al mismo tiempo, pedirles que te acaricien el pelo mientras tanto. Moore no lo dice con estas palabras, pero el romanticismo nos pierde en el mismo grado que nos pierden nuestras ideas de emular la asepsia afectiva masculina, y ahora para mí los días de playa leyendo ‘Anagramas’ se han convertido en una bruma, de nuevo sin poder respirar del todo bien cuando veo al becario por los pasillos, pensando en que los amigos se mueren de la manera más tonta (pero nunca pensando en que yo soy también amiga de alguien). Bienvenida al trabajo que nunca sabes cuánto va a durarte. Bienvenida.
miércoles, 12 de septiembre de 2012
El día que nací yo
Hoy es el cumpleaños de mi amiga la que escribe, y he querido mandarle un mail bonito con alguna cosa ingeniosa del tipo: “Has nacido el mismo día que Oscar Wilde, muñeca, así que agarra a un editor por las solapas porque juntar letras es tu destino”. Esa era la intención, porque consultando la gran máquina de sabiduría que es Wikipedia me encuentro con que el día 12 de septiembre no nació ningún escritor de tal talla (que me perdonen los fans y familiares de Stanisław Lem (escritor de ciencia ficción polaco) y Riccardo Pazzaglia (un director de cine italiano que parece ser que escribió cosas que no conozco). Lo que abunda entre las gentes destacables que nacieron este día (a la Wiki me remito, que es como palabra de Dios) es el politiqueo y la abogacía, pero lo más artístico que recoge el listado son los nombres de Maurice Chevalier y Barry White, así que igual le digo que coja una guitarra y se eche a la calle (seguro que le salen consignas más ingeniosas que las que escucho a diario en el telediario).
Y sí, queridos, ya atrapada por la mera curiosidad estúpida que mueve el mundo hacia la desgracia he buscado quienes nacieron el día que nací yo: Miguel de Cervantes, Miguel de Unamuno y Boris Izaguirre. Por un momento no podía respirar. He dudado si mi destino era hacerme escritora o marica. Me encantaría ser lo segundo, pero soy demasiado masculina, me temo, hasta para el gremio lésbico. Conclusión: No miréis Wikipedia y a trabajar, cabrones.
viernes, 13 de julio de 2012
El gran desengaño
No se pueden sacar a la palestra cosas del instituto y no quedar impregnado de su melaza o de su mierda. La adolescencia, esa gran hija de perra. Tengo un buen amigo en Madrid que me dijo una vez que ya podía dar gracias al gran fiasco de mi vida (que sucedió en tiempos del BUP y el COU), porque sostiene la teoría de que un escritor que pretenda tener algo que decir no puede menos que haber sufrido en su vida al menos un gran desengaño. Yo soy más de la opinión de que con ser buen observador basta (ya si se tienen rayos X en los ojos como Cortázar o Foster Wallace, mis superhéroes favoritos, pues no te digo nada del disfrute), pero me interesa su idea ahora que leo ‘Los Lemmings y otros’. Lo leo porque es un libro que recomendó Pablo Gutiérrez a través de su blog cuando mi amiga la que escribe le preguntó por algo bueno que leer, y porque ella me lo ha pasado ahora que no tengo ni para pipas. Ya sé lo que los escritores tenemos que decir sobre la obra y el escritor y esa gran distancia insalvable (imagino que muchos de nosotros por no reconocer que escribimos sobre nuestro culo), y que el personaje es uno y no es uno, esos entrecomillados ya me los conozco, pero cuando devoro uno de los relatos de Fabián Casas no pienso en alguien que haya sufrido un gran desengaño en su vida y que por eso escriba, pues parece que es cada cuento el que esconde un gran trauma, contado a veces como una simple anécdota divertida, y puede que en eso resida su interés, en que no es fruto de una gran miseria, sino de muchas miserias todas juntas. Los libros que me interesan son como un Sálvame diario en letra impresa, pero no con impostura, sino con basura de la buena. A partir de Fabián Casas empiezo a entender que programas como ese y otros sean ‘lo que la gente quiere ver’. Tengo que hacerme mirar esto (igual también puedo insinuar algo sobre mi adicción a los Tigretones), aunque seguro que para conseguirlo me hacen hablar de la adolescencia, esa gran hija de perra.
jueves, 5 de julio de 2012
Una maldita opinión
En el instituto salí con un tipo tripitidor (la envidia de toda la clase) la mar de atractivo que una vez tuvo un problema familiar y que, cuando traté de aconsejarle, me dijo que gracias, pero que no recordaba haberme pedido mi maldita opinión. Bueno, nos costó la relación (más se perdió en Cuba), pero desde entonces no he aprendido, la doy siempre, sin ton ni son, puede que la manía se me quedara como reflejo ante la intuición del pie en pescuezo, no sé, pero es la clave para entender que afirmaciones como desde mi más modesta opinión no te duran las relaciones porque comparas a todas tus novias con tu madre muerta; o si me preguntas te diré que ese tío es un putero y que te tratará como a una puta, o sea que guay, si es lo que te gusta, me hayan costado amistades y alguna que otra relación familiar de segundo o tercer grado. No estoy orgullosa de ello, todo el mundo da su opinión, libremente y sin que nadie se la pida, y por eso cuando no puedo evitar hacerlo yo me doy cuenta de cuan denostada está la mía (lo mismitico que la del resto). Esto es como vivir en una tienda de chuches y que haya que pagar las compras con caramelos, en esas circunstancias, a nadie le pone el dulce. Ahora que he obtenido un NO definitivo (shit), un silencio administrativo, y un mantenimiento de la incertidumbre en los tres procedimientos que tenía abiertos puedo sentarme a respirar sin mirar mucho más allá de pasado mañana y ser sincera conmigo misma: sabes que Sevilla ya no da más de sí, sabes que tendrás que irte de aquí más pronto que tarde, y que si no lo has hecho ya es por el becario, seguramente, que en el fondo eso no se ha cerrado, me dice mi vocecilla interior, tan maja, y no sé cómo decirle amablemente que se meta su opinión por el culo.
miércoles, 27 de junio de 2012
Oportunidad y descreimiento
La buena literatura ha vuelto a mí (La última noche, de James Salter) y yo recupero la fe en las letras impresas. El libro ha sido un regalo, del ex becario, por mi cumpleaños. Él dice que no comprende cómo los dos perdemos esta oportunidad, cómo me empeño en alejarme de él sólo porque no acepto que entrara con una beca y se quedara con mi antiguo puesto de trabajo por el simple hecho de ser un tío. Acéptalo, me dice. No sé, se me hace raro que mis ex jefes me den por el culo poniendo a un tío en mi puesto y que encima, yo me deje follar por él de manera voluntaria. El ex becario cree que es cosa de autoestima, pero yo estoy atrapada por ese concepto, la relación está podrida desde ya, no me puedo quitar esto de encima con un manotazo, como a una mosca molesta, no puedo hacer como que no lo he pensado.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)







