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miércoles, 6 de noviembre de 2013
Segundas partes nunca fueron buenas
Pensaba que para volver a publicar algo en este blog después de tantos meses de silencio tendría que escribir un increíble post resumen de mis últimas vivencias, algo grande y con garra, pero no, mi cerebro ha hecho plof, estoy seca, así que haré un resumen mierder porque de lo contrario no volveré a arrancar jamás: dos meses de reposo médico panzarriba después de mi último post nació mi segundo hijo, que para colmo, tiene el mismo padre que el primero. Ya lo sé, segundas partes nunca fueron buenas, tú estás loca, bla bla bla. Él cuida del primero, yo del segundo. Un bebé y todo lo que trae consigo (salvo depresiones post parto, que de eso no tengo, todo lo demás es mío, sueño, amor incomprensiblemente intenso por tres kilos de carne humana, sueño, sueños, teta, cacas, ropitas, problemas con la higiene personal por miedo a dejar solo al bebé, todo, todo mío, más algo de lectura y algo de cine en dvd y la muerte absoluta de mi ya escasa vida social). Así están las cosas y así se lo hemos contado. Disculpad lo que diga a partir de ahora, no soy yo, son mis hormonas: os quiero, asquerosos, por ser los únicos que permanecéis (sobre todo tú, mi muy mejor amigo, desde esa mierda de país frío donde te has ido a poner cervezas, hijoputa).
jueves, 29 de noviembre de 2012
Muestras
Antes, cuando el invierno se me venía encima, sólo tenía que ir a comprar o robar un montón de cremas caras que prometían poner mi rostro lustroso y terso como el de una actriz de cine; luego nunca las usaba más de una semana seguida, ya sabéis, soy una inconstante, pero era bueno saber que estaban en el cajón dispuestas a dar su servicio si la nieve decidía descargar su tormenta en mi cabeza. Entre el inicio y el fin de mi uso de productos de belleza siempre había un polvo definitivo que hacía que quisiera vestir manga corta en pleno diciembre. No hablo de cosmética, ya me entendéis. A veces no hacía falta el polvo, a veces bastaba con la posibilidad, así de tonta es una. La posibilidad es la cosa más dañina con la que me he topado jamás, y bajo su dictamen he cometido las mayores tropelías de mi vida; he aceptado trabajos de mierda, me he hecho amiga de algún insensato, una vez me puse de rodillas, me corté el pelo demasiado, incluso me casé, y luego qué, luego nada. La consecuencia de mi capacidad de ilusionarme con cualquier cosa es un cutis de mierda a los 35.
Ahora no tengo dinero para comprar y es más difícil robar, por eso simplemente me voy al Corte Inglés bien arreglada, para recoger muestras gratis. No te dan muestras si no vistes bien, eso lo sabe cualquiera. A lo largo de mi vida, en cada mudanza, he tirado muchos botes de carísimas exfoliantes, hidratantes que empezaron a oler a perro muerto, que picaban en la piel; las he arrojado al cubo de la basura sin contemplaciones, pero no sé por qué, estos días las muestras caducadas del cajón me dan una tristeza infinita, una sensación extrema de desperdicio.
jueves, 22 de noviembre de 2012
Es una mierda tener sueños
Me explico, ese rollo de las metas está bien para según qué personas (están bien sobre todo para las que pueden encajar bien los fracasos), pero yo me refiero al tipo de sueños que uno sufre mientras duerme, porque esos no se pueden controlar, al menos de manera consciente. Cuando sueño con él me levanto mal, con una sensación horrible, como de haber estado leyendo infinitas veces los cuentos sobre morirse de ‘Velocidad en los jardines’, de Tizón, y no haberme recuperado aún de la lectura. A veces en el sueño tiene la misma cara que a los dieciocho años y yo ya estoy vieja, pero me conmueve igual que me mire por encima de las gafas de sol y me sonría, me hace sentir débil porque no hay nada más frágil que una vieja que vive con intensidad adolescente. Ya sé todo ese rollo de que en los sueños el soñador es siempre todos los personajes, y que cuando le sueño en realidad no es él, en realidad es sólo mi yo romántico y estúpido, pero me levanto con la boca seca y un pellizco enorme en las entrañas, como unas ganas permanentes de dar de vientre. Es una mierda tener dieciocho aunque sea en sueños, no poder recordarme a mí misma que toda ilusión tiene los días contados, que ese sufrimiento tendrá su fin, que me voy a despertar de un momento a otro y que ya mismo es Navidad otra vez, ¿no es para estar contento?
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