miércoles, 20 de febrero de 2013

Un final trágico, por favor

En días como hoy, en los que el médico de cabecera me pregunta cuando voy a verla si fui una hija deseada o si nací vía cesárea o vaginal, aunque haya ido a la consulta sólo porque me duelen las muelas y no tengo para pagarme el dentista privado, es cuando clamo al cielo un final trágico, por favor. Si no para las doctoras de cabecera (que se enfadan si las llamas así e insisten en que son médicos ‘de familia’, por favor, que para eso tienen la titulación), al menos para mí, para poder meter la cabeza en un boquete y descansar de tanta desfachatez. Pero hoy he pedido ese final trágico con la boquita pequeña, porque en la sala de espera estaba yo leyendo ‘Piezas en fuga’, de Anne Michaels, y una chavala muy joven se ha acercado a preguntarme si estaba bien la novela, porque ella conocía sólo la poesía, gracias a su profesora de literatura. Ah, una pena que fuera una chica y no un tío bueno, pero en fin, le he dicho que estaba muy bien, y me ha contestado, uf, es que no sé si atreverme, estoy hasta el coño de las novelas sobre las víctimas de la segunda guerra mundial y tal, y bueno, yo le he dicho que pensaba que esta era un poco más que eso, en realidad, que le van a encantar los tres narradores, que se va a identificar con el último, aunque sea un hombre, y se ha encogido de hombros, así que bueno, nadie dijo que fuera llegar y topar, los rayos de luz entre las nubes negras no siempre son cosa buena, a veces te dan directamente en los ojos y te dejan cegata, joder, que te quejas por todo, Diva. Supe inmediatamente quién era su profesora de literatura, mi amiga la que escribe ha pillado una interinidad, ah, empuerquemos el cerebro juvenil con calidad, poco a poco, oh yeah...

miércoles, 23 de enero de 2013

Consecuencias de la falta de sueño

Llevo más de dos semanas durmiendo fatal, calculo que una media de tres horas y media diarias. La falta de sueño está causada por varios factores que no alteran el producto, esto es, un humor de perros y algunos mareos más propios del estado etílico que del estado sobrio, pero que con la costumbre se hacen hasta igual de agradables. El caso es que ayer, justo cuando mis ganas de matar alcanzaban un nivel máximo y mi mala cara y mis pelos de punta llamaban la atención de los transeúntes, me encuentro con mi tema pendiente en pleno centro de la sevillanía más rancia. Todo el mundo tiene un tema pendiente en su vida, esa historia que no habría sido más que una muesca en el revólver y que, precisamente por no haber podido ser realizada por uno u otro motivo, pasa a convertirse en una mierda mitificada, esto es así. Mi tema pendiente tenía un nombre vulgar, así que mi muy mejor amigo y yo se lo cambiamos en su día por un apodo mucho más apropiado: ‘el sed de mal’. La cosa era así: ¿sabes de qué me he enterado? De que el sed de mal irá a la fiesta, tía, el sed de mal te ha mirado el culo descaradamente, y cosas como esa. Era sed de mal porque por ese hombre habríamos hecho casi cualquier cosa (yo y todas las de COU B, a eso me refiero, lo aclaro porque luego mi muy mejor amigo dice que la gente que lee mis post piensa que él es gay y no, amigos, de mantilla y peineta, pero con novia, ya saben). Bien, pues como iba diciendo, de bruces me doy con el sed de mal que me llama por mi nombre y me da un abrazo y no sé si me he quedado dormida mientras camino y voy soñando, pero huele de maravilla (y yo confieso que no me había duchado en tres días, el invierno es muy malo). Me dice, estás igual, y pienso que es muy falso o que me recuerda como una mierda, pero me pregunta si no tengo nada que hacer y nos tomamos una cerveza, dos, y entonces voy al baño dando traspiés y vomito. Vomito como una cretina, a la segunda cerveza, supongo que por la falta de sueño y el mal cuerpo. Como sea que el tema pendiente tenía entonces (olor corporal y aliento a vómito de por medio) muchas posibilidades de seguir siendo pendiente, me desinhibo, y al llegar a la barra le digo que en el instituto le llamábamos ‘el sed de mal’. Mi pendiente se queda muy serio, y me dice: “Mira, tenía intención de intentar acostarme contigo porque te tenía muchas ganas desde el instituto, pero mierda, haga lo que haga echará al traste ese apodo, el más increíble que alguien me podía haber puesto jamás”. Y ya. Fin. Siguió siendo pendiente. Mi muy mejor amigo dice que seguro que la tiene pequeña y que no quería que le cambiáramos el apodo por el mini sed de travesuras, pero ya saben, amigos, este es mi consejo de hoy, que el alcohol o la falta de sueño no les haga hablar más de la cuenta, carajo.

jueves, 10 de enero de 2013

Pillar al jefe

A veces aplaudo el escaqueo, como el resto de mortales, supongo, aunque no suelo practicarlo, qué sé yo, quizá por negligencia. Pero el otro día el sol del invierno y ni un solo jefe así que pensé: están todos de vacaciones, autobús y al centro, porque me gusta el centro en las mañanas de invierno con sol y todo el mundo buscando regalos de última hora mientras yo breve paseo y chocolate con churros, nada más allá de la media hora, no piensen mal, pero cambiando el entorno. El problema viene cuando entro a la chocolatería y me siento en una mesa al fondo y a mitad de mi humeante taza veo entrar al jefe con una secretaria de la segunda planta, acarameladitos, comprando cuarto y mitad de bombones para darse un capricho, y me falta leer el periódico al revés porque he visto a la mujer del jefe antes, la conozco, y es más guapa que esta secretaria del segundo, claro que la belleza no lo es todo, no, y con la garganta escaldada y el churro atravesado intento pagar y salir sin llamar la atención para que no me pillen, para que encima no me pillen pillando. No me sorprenden las decisiones de los jefes desde que hace años uno se esnifó mi sueldo de un mes en una noche y me lo confesó así de sincero cuando me lo encontré en un bar a las cuatro de la mañana, mañana no cobras porque me lo acabo de esnifar, total, tampoco cobras tanto, me dijo el muy cabrón con la cara embotada y soñolienta. En esta ocasión espero no comprobar en mis carnes las consecuencias de este escaqueo mañanero, ya que en aquella otra ocasión que os cuento, esa de la noche loca y mi conocimiento accidental de ella, acabó pagándome el FOGASA. Pasen y vean.

jueves, 3 de enero de 2013

Lo que piensas que pasará y lo que pasa en realidad

No suele coincidir, digo, lo que uno piensa que pasará y lo que pasa en realidad, y eso explica fácilmente por qué vamos con mucha expectativa a esos cotillones de Fin de Año y al final sólo pasamos frío y sueño, mirándonos los pies y pisando lodo alcohólico con restos de papel confeti. También puede explicar por qué vas a una cita agachando la cabeza convencido de que será un desastre y te sorprendes regresando a las tres de la mañana con ganas de gritar de felicidad, claro que en este segundo ejemplo puede que tuvieras el estómago más vacío y te hubieran cabido más cervezas o más gintónics, depende. Cuando uno cree que se lo pasará mierda bebe para darle al alcohol el control de la situación, y siempre que le des rienda y media (no las dos, tampoco es cuestión de acabar en coma etílico), la cosa suele manejarse sola mucho mejor de lo nuestras torpes expectativas sabrían conducirla. Lo chungo es cuando me imagino que bebo un poco y me desinhibo y digo lo que quiero decir y la cosa funciona, y en realidad bebo demasiado y hablo más de la cuenta y me entero de cosas que nunca habría querido saber y por supuesto me quedo sin follar una vez más. Pero coño, qué bien nos lo pasamos, ¿no? Viva el 2013.
http://www.jazno.net, qué pedazo de maniquíes.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Todo lo que el dinero puede comprar

Si hago balance, que es lo que toca en estas fechas, el 2012 no ha estado tan mal (ya ven que una hasta se alegra de la mierda que le ha tocado en suerte). Conservo mi trabajo y mi sueldo miserable, los míos están sanos (a él no le tengo como me gustaría, pero está bien y lo sé y eso debería bastarme), he escrito cosas que no tiraría al cubo de la basura, he hecho amigos nuevos, he visto a los de siempre, he dicho cosas en discusiones que nunca pensé que sería capaz de decir en serio y sin refugiarme en la broma, he comprado pocos libros y aún así tengo alguno que otro sin leer aún en mis estanterías canijas, no me han multado en la biblioteca por más de una semana, la simple sensación de proximidad con esa persona me sigue poniendo los pelos de punta, una vez le llevé a la playa en invierno y espero que algún día se acuerde de eso, pagué dos euros para obtener una foto con un papá Noel de Barba torcida y no me arrepentí, visité a un par de amigos en la capital, vi una sola película buena, hice pan y salió rico, me dijeron que no y el mundo siguió andando, dije ‘me cago en la puta’ delante de mi jefe, ventoseé en el ascensor y me hice la loca cuando la cosa se puso fea, maldita verdura ecológica, hablé con un compañero de trabajo sobre pajas adolescentes durante un almuerzo y aluciné al ver que se quedó sorprendido de saber que las mujeres también tienen esa fea costumbre, dije que no unas cuantas veces por pereza y me di cuenta de que no pasa nada si lo hago, me enteré de algo que me dolió por otro, escribí emails muy largos y recibí de vuelta algunos de igual extensión y tremendamente divertidos, y en fin, inevitablemente sigo soñando. Supongo que este balance quiere decir que sigo viva. Sigo viva, señores, y si después de todo esto no me he muerto seguiré escribiendo idioteces aquí, así que Felices Fiestas a todos y feliz entrada en un 2013 que ya veremos lo que nos trae.
(maniquí de http://www.jazno.net)

jueves, 29 de noviembre de 2012

Muestras

Antes, cuando el invierno se me venía encima, sólo tenía que ir a comprar o robar un montón de cremas caras que prometían poner mi rostro lustroso y terso como el de una actriz de cine; luego nunca las usaba más de una semana seguida, ya sabéis, soy una inconstante, pero era bueno saber que estaban en el cajón dispuestas a dar su servicio si la nieve decidía descargar su tormenta en mi cabeza. Entre el inicio y el fin de mi uso de productos de belleza siempre había un polvo definitivo que hacía que quisiera vestir manga corta en pleno diciembre. No hablo de cosmética, ya me entendéis. A veces no hacía falta el polvo, a veces bastaba con la posibilidad, así de tonta es una. La posibilidad es la cosa más dañina con la que me he topado jamás, y bajo su dictamen he cometido las mayores tropelías de mi vida; he aceptado trabajos de mierda, me he hecho amiga de algún insensato, una vez me puse de rodillas, me corté el pelo demasiado, incluso me casé, y luego qué, luego nada. La consecuencia de mi capacidad de ilusionarme con cualquier cosa es un cutis de mierda a los 35. Ahora no tengo dinero para comprar y es más difícil robar, por eso simplemente me voy al Corte Inglés bien arreglada, para recoger muestras gratis. No te dan muestras si no vistes bien, eso lo sabe cualquiera. A lo largo de mi vida, en cada mudanza, he tirado muchos botes de carísimas exfoliantes, hidratantes que empezaron a oler a perro muerto, que picaban en la piel; las he arrojado al cubo de la basura sin contemplaciones, pero no sé por qué, estos días las muestras caducadas del cajón me dan una tristeza infinita, una sensación extrema de desperdicio.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Es una mierda tener sueños

Me explico, ese rollo de las metas está bien para según qué personas (están bien sobre todo para las que pueden encajar bien los fracasos), pero yo me refiero al tipo de sueños que uno sufre mientras duerme, porque esos no se pueden controlar, al menos de manera consciente. Cuando sueño con él me levanto mal, con una sensación horrible, como de haber estado leyendo infinitas veces los cuentos sobre morirse de ‘Velocidad en los jardines’, de Tizón, y no haberme recuperado aún de la lectura. A veces en el sueño tiene la misma cara que a los dieciocho años y yo ya estoy vieja, pero me conmueve igual que me mire por encima de las gafas de sol y me sonría, me hace sentir débil porque no hay nada más frágil que una vieja que vive con intensidad adolescente. Ya sé todo ese rollo de que en los sueños el soñador es siempre todos los personajes, y que cuando le sueño en realidad no es él, en realidad es sólo mi yo romántico y estúpido, pero me levanto con la boca seca y un pellizco enorme en las entrañas, como unas ganas permanentes de dar de vientre. Es una mierda tener dieciocho aunque sea en sueños, no poder recordarme a mí misma que toda ilusión tiene los días contados, que ese sufrimiento tendrá su fin, que me voy a despertar de un momento a otro y que ya mismo es Navidad otra vez, ¿no es para estar contento?