martes, 14 de mayo de 2013

Una buena patada en los huevos

Estoy ahorrando. Ahorro dinero, para comprar los libros de algunos amigos o escritores contemporáneos que admiro o que me generan curiosidad, llamadlo como os de la gana, una tiene su dosis de enfermedad y punto, y resulta que sus libros salen pronto o muy pronto y necesito mi antídoto; también resulta que es más barato que el psicólogo, así que ahora desayuno media tostada con aceite sin bebida, me preparo de paso para la operación bikini, y obtengo un saldo extra de 0,50 al día. Voy a echar de menos mis dos Tigretones diarios, pero quiero esas mierdas de otro en papel, soy una sentimental. También ahorro energía, porque llevo un par de meses deseando darle una patada en los huevos a un gilipollas de la oficina y se me está poniendo muy a tiro: como vuelva a decirnos que no hace falta que leamos lo de las sombras de Grey, que él nos instruye, se me va a ir el piececito, lo juro, lo soltaré como un resorte, que para eso lo llevo aguantando en su sitio desde que mi jefe me dijo que necesitaba que tuviera disponibilidad los fines de semana (por menos de setecientos euros al mes, oiga) y que le diera mi móvil personal (porque de empresa no tengo, obviamente) para añadirme al what´s up, por si me tenía que avisar para alguna cosa. También me dijo que le hiciera de espía con una compañera, literalmente, “a lo Clarence Linspector”, imagino que lo de Clarice le sonaría demasiado al Silencio de los Corderos, y que el apellido debe de sonarle a detective privado, o algo. Me negué, claro, pero con las excusas baratas de que no tengo smartphone (con lo que cobro, es normal, le dije, y sonreí) y de que no veo a dicha compañera levantarse o sentarse desde mi oscuro cubículo, ya sabéis, nunca os dije que fuera una mujer valiente.

martes, 30 de abril de 2013

No me hables de futuro

Queridos amigos, creo que he empezado a sentir el efecto de la anestesia que el cerebro destila cuando llega al tope de tres años en estado de absoluta incertidumbre, y os diré que ahora mismo mi mente bloquea todo intento de imaginarme qué será de mí en 2013, es más, bloquea todo intento de que me haga una idea de qué podrá ser de este cuerpo que habito en agosto, el mes que viene, este mismo fin de semana. Se han acabado los planes, el adelantarse. Ya lo decía mi abuelo, si crees que puedes llegar a algo en el futuro es que te olvidas de que hay gente que tiene el poder de permitírtelo o no. He dejado de estar enfadada, y no sé si eso me gusta. Ya no leo el blog de Alberto Olmos ni me cabrea la literatura, ni las editoriales, ni la falta de dinero para consumir buenos libros. Ya no pienso que debería sacarme un título más, un master más, una certificación de idiomas más para conseguir algo mejor, ya no tengo ganas de consumir, no sólo por falta de posibles, sino también un poco por desdén. Amigos míos, queridos amigos, no es depresión, lo sé, es no focalizar; como cuando era una niña y la semana se hacía eterna hasta el siguiente capítulo de Candy Candy y nunca me preocupaba de si al final estaría viva para ver el desenlace de la temporada porque si lo veía bien, y si no también. Todo tiene una importancia relativa, o directamente no la tiene, como decía la vieja tortuga Morla de ‘La historia interminable’, ¿no es cierto vieja? Turn on. Turn off.

miércoles, 10 de abril de 2013

Las clases de sexualidad

A mí sólo me hablaron de sexo en un aula una vez y esto ya es decir mentiras, porque no fue en un aula, fue en el Salón de Actos del instituto, supongo que para revestir la charla de solemnidad y para que la foto del pene erecto y la vulva entreabierta proyectada en pantalla grande no nos diera tanta cosica a los listillos de las primeras filas que, un poco azorados, nos habíamos ubicado estratégicamente en medio de la sala para pasar más desapercibidos. Aquel día a todos nos hizo mucha gracia ver cómo el hombre que daba la charla nos decía a todos las palabras ‘pene’ y ‘vagina’ acompañadas de imágenes de sendos primeros planos, como si alguno de nosotros nunca se hubiera mirado la entrepierna ni, con suerte para nuestros tiernos 16 años, se la hubiera podido ver de cerca a un contrario. Así mis recuerdos lo único que digo es que mientras nos hacíamos los puritanos y soltábamos risitas con los compañeros (la mayoría no habíamos practicado, pero nos sabíamos la teoría en el apartado básico) aquel pobre educador tenía que soltarnos el rollo sobre los condones y el sexo con-sentido (magnífico eslogan de la época), donde todo de basaba en acojonarnos muy mucho con las enfermedades de transmisión sexual, cosa que, al menos conmigo, consiguieron muy bien al ponerme en pantalla grande un primerísimo primer plano de varios órganos sexuales femeninos infectados con venéreas. No soy estúpida, sé que la edad de estar al tanto de las cosas del mete saca ha bajado mucho, y que ya con 12 años los niños y niñas están igual de al día que nosotros lo estábamos con 16 y sueltan las mismas risitas estúpidas en clase cuando la compañera con novio formal pregunta si una se puede quedar embarazada en la ducha sólo con masturbaciones, esto es, sin penetración, y el profesor dice que hay una pequeña posibilidad de que sí si la temperatura del agua es la adecuada y todos se quedan ojipláticos y ya no se ríe nadie. Es por esto que aunque me parece un poco alarmista la polémica de ABC con el folleto sobre sexualidad que la Junta de Andalucía ha editado (aquí para los que no sepan de qué va el tema: FOLLETO) y que se desacredita diciendo que ‘enseña’ posturas sexuales a los inocentes críos, sí que tengo que decir que me choca enormente que en el folleto se hable de todo (el placer, el autoplacer, la libertad y la violencia incluidos) pero ni se mencione una sola vez la palabra ‘enfermedad’. Y digo yo, ¿ya no dan miedo las venéreas y el SIDA? Creo que después de esta reflexión me siento tan vieja que me voy a poner a escuchar esa canción de Nacho Vegas donde el estribillo dice amablemente ‘muy mal, qué mal, nos queda, menos mal, el dry martiny y el sexo anal’.

martes, 19 de marzo de 2013

No te preocupes por nada

Ya sé que dije que iba a estar más positiva, pero sinceramente, siempre que escucho esta frase (y no sólo de boca del gobierno de turno) me echo a temblar. Si alguien me dice que no me preocupe por algo yo me lo imagino dándose la vuelta y redactando mi panegírico, y lo único que me lleva a esta conclusión es la experiencia pura. Tuve un trabajo donde tardaban meses en pagarnos y el jefe vino desde Madrid a tranquilizarnos y traernos las nóminas antes de que nos fuéramos de allí con los Mac bajo el brazo: ‘No os preocupéis, mañana las ingreso’, y a la mañana siguiente lo que vimos fueron las fotos que le habían hecho (un compañero de Deportes, las cosas en el periodismo no pueden ser más cutres) en la noche más putera de su vida, metiéndose nuestras nóminas por el tabique de platino directamente desde el escote de una guarra; y bueno, nunca más se supo. Ahora que tengo ya una edad y que se supone que debo actuar con cabeza y estar alerta de los ‘Tú no te preocupes’ es precisamente cuando no dejo de escucharlos por todas partes. Al final no pillé cacho con Sed de Mal, pero sí que se acostó con una amiga del instituto hace poco, a la que y le dijo, ‘No hay condones, pero tú no te preocupes’, y ahora mi amiga está esperando los resultados de unas pruebas para ver si le ha pegado una clamidia. Mi agente literaria me dice ‘Conseguir publicar tu libro con tu estilo es difícil, pero tiene mucha calidad, tú no te preocupes’, y veo que no saldrá jamás del cajón de mi mesa. Han echado a cuatro compañeros por motivos tan absurdos como mandar un informe sin grapar o publicar un contenido con tres palabras pegadas, pero me dicen ‘Tú no te preocupes’, y sé que es para ir ahorrando para comprar el billete a Sudamérica. La conclusión que saco de todo esto es que siempre hay clases, unos que, pase lo que pase nunca se han de preocupar por nada, y otros a quienes nos han de decir continuamente que no nos preocupemos para que podamos seguir sobreviviendo, consumiendo, actuando de un modo supuestamente moderno, teniendo fe, ya sabéis, si al final el que es pobre y chusma es porque se preocupa mucho y no piensa positivo, ya os lo decía yo. Take your pills and stay calm...

viernes, 8 de marzo de 2013

No more drama

Siempre me dijeron que convenía hacer caso de nuestros mayores, por eso, sin ánimo de ofender, he decidido seguir el consejo del último single de Fangoria, que lanza a los cuatro vientos que no quiere más dramas en su vida, que quiere ‘sólo comedias entretenidas’. Sí señor, ellos han aprendido más que yo de esta vida y saben perfectamente que lo superficial vende y que todo aquello que trasciende el estado puro y cristalino del ocio es desterrado, denostado y hasta negado. Que hayamos conseguido muchas cosas mediante la queja constante (derechos laborales ya casi olvidados, por ejemplo) ya no mola, ahora lo que mola es la sonrisa plana, el qué tal el finde y la cervecita de los viernes, aunque sea con gente a al que escupirías en la cara si no tuvieras que compartir con ellos un reducto de la oficina. Yo, que soy un ser oscuro desde niña y que con el tiempo me he ido dejando ganar por cierta ranciedad intelectual que me resulta muy atractiva en el género masculino pero que se ve a todas luces que no está permitida en el mundo femenino, he decidido claudicar. He de ocultar mi condición, mi convicción de que todo es mierda líquida, y actuar como si acabara de salir de una vaina (pero de una vaina de la positividad, claro está). No sé si lo conseguiré queridos, espero que me deis muchos ánimos y me invitéis a algún trago a horas intempestivas (¿las doce de la mañana?) para sobrellevarlo. No poder cagarse en todo va a ser un auténtico esfuerzo espiritual para mi, sobre todo ahora que la vida me sonríe y la gente me dice que tengo que estar contenta por tener un trabajo en el que, con dos licenciaturas, tres master y un doctorado, gano 647 euros limpios al mes sin pagas extra. Qué felicidad. Ocultar mi condición, ocultar mi condición, permitidme que me lo repita. Me acuerdo ahora mismo de una amiga del instituto, que decidió contar en su grupo de confirmación que había decidido ser lesbiana. Por más que yo le recomendara que ni se le ocurriera soltar semejante bomba en dicho foro ella hizo oídos sordos y fue desterrada de inmediato, no llegó a confirmarse nuca, huelga decirlo. Cuando después de mucho insistir consiguió quedar con una de las compañeras de la comunidad para tomar un café se quedó de piedra al escuchar el argumento de la otra: ‘esas cosas te las callas para ti, a nadie le interesa saber la basura que tienes dentro de la cabeza, si te sientes mal, pues finge’. Creo que es el secreto de la vida, no les digo más que me voy a recolocar la peluca. Que tengan un buen día!

miércoles, 20 de febrero de 2013

Un final trágico, por favor

En días como hoy, en los que el médico de cabecera me pregunta cuando voy a verla si fui una hija deseada o si nací vía cesárea o vaginal, aunque haya ido a la consulta sólo porque me duelen las muelas y no tengo para pagarme el dentista privado, es cuando clamo al cielo un final trágico, por favor. Si no para las doctoras de cabecera (que se enfadan si las llamas así e insisten en que son médicos ‘de familia’, por favor, que para eso tienen la titulación), al menos para mí, para poder meter la cabeza en un boquete y descansar de tanta desfachatez. Pero hoy he pedido ese final trágico con la boquita pequeña, porque en la sala de espera estaba yo leyendo ‘Piezas en fuga’, de Anne Michaels, y una chavala muy joven se ha acercado a preguntarme si estaba bien la novela, porque ella conocía sólo la poesía, gracias a su profesora de literatura. Ah, una pena que fuera una chica y no un tío bueno, pero en fin, le he dicho que estaba muy bien, y me ha contestado, uf, es que no sé si atreverme, estoy hasta el coño de las novelas sobre las víctimas de la segunda guerra mundial y tal, y bueno, yo le he dicho que pensaba que esta era un poco más que eso, en realidad, que le van a encantar los tres narradores, que se va a identificar con el último, aunque sea un hombre, y se ha encogido de hombros, así que bueno, nadie dijo que fuera llegar y topar, los rayos de luz entre las nubes negras no siempre son cosa buena, a veces te dan directamente en los ojos y te dejan cegata, joder, que te quejas por todo, Diva. Supe inmediatamente quién era su profesora de literatura, mi amiga la que escribe ha pillado una interinidad, ah, empuerquemos el cerebro juvenil con calidad, poco a poco, oh yeah...

miércoles, 23 de enero de 2013

Consecuencias de la falta de sueño

Llevo más de dos semanas durmiendo fatal, calculo que una media de tres horas y media diarias. La falta de sueño está causada por varios factores que no alteran el producto, esto es, un humor de perros y algunos mareos más propios del estado etílico que del estado sobrio, pero que con la costumbre se hacen hasta igual de agradables. El caso es que ayer, justo cuando mis ganas de matar alcanzaban un nivel máximo y mi mala cara y mis pelos de punta llamaban la atención de los transeúntes, me encuentro con mi tema pendiente en pleno centro de la sevillanía más rancia. Todo el mundo tiene un tema pendiente en su vida, esa historia que no habría sido más que una muesca en el revólver y que, precisamente por no haber podido ser realizada por uno u otro motivo, pasa a convertirse en una mierda mitificada, esto es así. Mi tema pendiente tenía un nombre vulgar, así que mi muy mejor amigo y yo se lo cambiamos en su día por un apodo mucho más apropiado: ‘el sed de mal’. La cosa era así: ¿sabes de qué me he enterado? De que el sed de mal irá a la fiesta, tía, el sed de mal te ha mirado el culo descaradamente, y cosas como esa. Era sed de mal porque por ese hombre habríamos hecho casi cualquier cosa (yo y todas las de COU B, a eso me refiero, lo aclaro porque luego mi muy mejor amigo dice que la gente que lee mis post piensa que él es gay y no, amigos, de mantilla y peineta, pero con novia, ya saben). Bien, pues como iba diciendo, de bruces me doy con el sed de mal que me llama por mi nombre y me da un abrazo y no sé si me he quedado dormida mientras camino y voy soñando, pero huele de maravilla (y yo confieso que no me había duchado en tres días, el invierno es muy malo). Me dice, estás igual, y pienso que es muy falso o que me recuerda como una mierda, pero me pregunta si no tengo nada que hacer y nos tomamos una cerveza, dos, y entonces voy al baño dando traspiés y vomito. Vomito como una cretina, a la segunda cerveza, supongo que por la falta de sueño y el mal cuerpo. Como sea que el tema pendiente tenía entonces (olor corporal y aliento a vómito de por medio) muchas posibilidades de seguir siendo pendiente, me desinhibo, y al llegar a la barra le digo que en el instituto le llamábamos ‘el sed de mal’. Mi pendiente se queda muy serio, y me dice: “Mira, tenía intención de intentar acostarme contigo porque te tenía muchas ganas desde el instituto, pero mierda, haga lo que haga echará al traste ese apodo, el más increíble que alguien me podía haber puesto jamás”. Y ya. Fin. Siguió siendo pendiente. Mi muy mejor amigo dice que seguro que la tiene pequeña y que no quería que le cambiáramos el apodo por el mini sed de travesuras, pero ya saben, amigos, este es mi consejo de hoy, que el alcohol o la falta de sueño no les haga hablar más de la cuenta, carajo.