martes, 18 de noviembre de 2014

Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, y no estoy hablando de DFW

Querido muy mejor amigo, y querido Tallón, os escribo porque sé que sois los únicos que me leéis de año en año, y creo que afortunadamente, porque de lo contrario no podría ser tan sincera en lo que os voy a contar: he cometido un error muy grave, terrible, de espasmo y rictus, de encontrar el cadáver cagado de alguien en un pasillo con una estúpida sonrisa en su rictus cadavérico: le he dicho a un amigo literario que no me importaba leerme su obra y hacer algunas anotaciones y sugerencias. Ahora mismo el señor Tallón se estará partiendo la caja, que no lo conozco, pero como si lo hubiera parido. Yo no había leído nada antes de este escritor, pero habíamos hablado de literatura en los bares, que es donde hay que hablar sobre escribir. Os diré que si tu interlocutor se pide un gin tónic, pues le crees ciegamente, como si tuvieras delante al mismísimo Shakespeare hecho carne, porque uno no puede lamentarse del mercado literario, de vivir en Sevilla donde no publicaría ni Cortázar, uno no puede quejarse de lo difícil que es acceder a editoriales, de la mierda que se publica ante una ginebra fresquita mientras el manuscrito verdaderamente iluminado de él, oh autor desconocido, se pudre en un cajón. No es posible, y yo me lo creí a pies juntillas: la magia de la alcoholemia en una madre reciente que acaba de destetar a su segundo vástago y que se marea a la primera Coronita. Qué triste Tallón, con lo que yo he sido... Pues me ofrecí, pensé: será divertido. Pensé: a veces me gustaría que alguien se ofreciera a leer lo mio y me hiciera una crítica realmente sincera, desde el punto de vista lector y no literario, y pensé, además será divertido. Sí, algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, y no estoy hablando de DFW, que también, como siempre, es que que ah, queridos, ha sido divertido como meterse astillas entre las uñas de los pies y la carne y colocarse un zapato estrecho. Y lo peor: no he leído el libro de un amigo, sino cuatro libros de cuatro autores diferentes, se ha corrido la voz como la pólvora porque no cobro, imagino. Dos tienen un pase (aunque aún mucho trabajo), pero los otros dos son sencillamente horribles. Os quiero tranquilizar, ya he dicho basta, no lo haré más, como el niño que se come los mocos y luego reincide, pero no porque me moleste el trabajo, no, es porque me hace sentir muy triste. Muy triste, mucho, mucho. Ellos de verdad piensan que son buenos y sus escritos hacen tanta agua que repoblamos el Sáhara y lo convertimos en un vergel, amigo míos. Qué generación de gente que se cree escritor, me pone muy triste y me hace desear que nadie más jamás se lea mis escritos, porque; bien si lo mio huele igual de mal; bien si de verdad es bueno y está en un cajón mientras esa otra mierda se publica, las dos posibilidades son igual de tristes para mi. Queridos, volveré, lo prometo, pero para hablar de la literatura de los que hayan publicado, por lo menos, para poder criticar con nombre propio. Os echo a veces tanto de menos en las horribles horas de oficina donde han capado Internet y ya no puedo comentar en vuestras entradas... Amor del bueno, de pecho pirata tatuado, hacia vuestra obra aunque no os lo pueda escribir ya en los muros de Dios. Un abrazo. Vuestra Diva.

viernes, 28 de marzo de 2014

He leído algunas cosas que no creeríais

La baja maternal dio para poco, pero he leído algunas cosas que no creeríais, como ‘Tenemos que hablar de Kevin’, de Lionel Shriver. Sí, ya sé, un mega libro en forma de carta falsa (falsa falsísima, pues en ella cuenta a su marido diálogos completos de los dos, qué cosa extraña se me hace esto siempre) con narrador madre de clase alta americana a la que le sale el hijo psicópata. Igual no es lectura apropiada mientras acunas a un bebé, y puede que por eso no me identificara con la protagonista en su intento de escurrir el bulto sobre cómo le salió el hijo. ¿Realmente necesitaba tantas páginas para auto justificarse? Me daban ganas de meter la mano dentro de la historia y zamparle un par de bofetedas a todos, al hijo, a la madre, y al padre, todos habrían pillado rasca. Zas, Zas. Leí también ‘Cuatro por cuatro’, de Sara Mesa, que me decepcionó un poco (en el libro de relatos ‘No es fácil ser verde’ sus ideas, su prosa, me prometían algo más, aunque tiene en relato, ‘Hormigas’, que aún recuerdo por haber pensado que desentonaba completamente con el resto del volumen). No sé, la historia de ‘Cuatro por Cuatro’ se me queda huérfana, cojita, de esas veces que sabes que te falta algo pero no puedes precisar el qué; parece que da una idea interesante en la que no ha querido ahondar, el poder, qué mierda el poder, y ya, no sé por qué no se moja, me falta que se moje, arder o helarme, la tibieza me enferma. Leí ‘Intemperie’, de Jesús Carrasco, que me mantuvo enganchada a la historia pesar del estilo. No tengo nada en contra del estilo, pero me harta. Tanta palabra específica me hacía agradecer estar leyéndolo en e-reader. Con Intemperie me pasa un poco igual. Qué mierda es el poder, qué injusto. Y ya. Es una historieta desagradable, agradabe de seguir, no le veo el para tanto. He leído más, pero no me acuerdo. Sin duda mi aterrizaje de nuevo en el vino me ha dejado sin neuronas.
En la foto Ezra Miller, que es capaz de mirar con mucha mala leche acumulada en la película, aunque en el libro, la madre, que narra, dice que nadie más que ella se daba cuenta. Oh.

lunes, 10 de febrero de 2014

Como el pan duro acoge al moho

La oficina me acoge de vuelta de la baja maternal como el pan duro acoge al moho. Me doy cuenta de que nunca podré escapar de estas paredes grises porque en este ámbito enrarecido y rancio es donde únicamente puedo respirar, donde se encuentran todos mis nutrientes. Queridos todos, os confieso que más allá de las tres o cuatro pobres entradas de este blog no he escrito ni una palabra desde hace medio año, porque en casa, con mi hijo, no se da esa corrosión que me impulsa a la escritura, esa congoja, el momento justo previo a la náusea. Malestar. Y el impulso, el varazo en el lomo, sólo me lo da la oficina, donde uno de los coordinadores más miserables que he tenido jamás ya no está para amargarme la vida porque, os aviso, ha aprobado unas oposiciones. En su lugar ha venido otro, hijo de, que de poder hacerlo empalaría a sus subordinados para marcar el camino a su despacho. Queridos todos, en la oficina, en medio de la falsedad estridente y quieta donde sólo las limpiadoras te piden que les enseñes la foto de tu hijo, es donde únicamente puedo crecer. No estoy diciendo que me alegre de volver, estoy diciendo que no podía ser de otra manera. Bienvenida a la miga rancia y dura que te permite echar tus raíces de una micra de profundidad al suelo sevillano que nunca te dijo que te quedaras. Colócate bien la peluca. Bienvenida.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Puto recuento de año viejo 2013

Queridos todos, como cada año en estas fechas me dedico a hacer un somero recuento del año, ya que la mierda de situación en que vivimos y mi natural actitud precavida me impiden hacer proyección alguna para el 2014 (no en vano me van renovando el contrato cada dos meses, lo que impide que haga planes mucho más allá). Abandonamos un 2013 donde he sido madre, he pasado cuatro meses en el paro para que mi empresa no tuviera que pagarme la baja maternal, he experimentado la muerte social tras la marcha al extranjero de mi muy mejor amigo y me he indignado con las noticias como nunca, haciendo un esfuerzo especial por no ponerlo en Facebook, porque soy de las que piensa que hacerlo mitiga la ira social y me apetece estar muy cabreada, estarlo es una elección personal, mierda de todo. Recuerdo el primer fin de año que salí de fiesta. Era una fiesta que se celebraba en un viejo cine, el piso estaba inclinado y a las dos de la mañana no eran pocos los que derramaban sus bebidas por el suelo. No se podía bailar, había que luchar por no caerse con los tacones y el suelo mojado e inclinado, la ginebra se acabó a las dos y media de la mañana, el resto de bebidas alcohólicas, a las cuatro y media, cuando parecía imposible que la cosa empeorara, se acabaron los refrescos a las cinco, empezamos a sentir el frío (antes mitigado por el alcohol, supongo), el tío que me gustaba se fue al baño a potar y en el camino se lió con otra, se me partió un tacón mientras buscaba un taxi, pues vaya mierda de primera fiesta de fin de año, no me digan. La situación de este 2013 me recuerda mucho a aquella fiesta, un escenario lleno de posibilidades que se va jodiendo poco a poco, inmisericorde hasta con los que más ilusión albergábamos. Recuento de mierda de año viejo, qué cerdada, cuando lo normal es que saliera positivo, un hijo sano en el mundo, positivo, pero no puede ser; la juventud, la ilusión, el primer vestido de fiesta están bien, pero lo demás pesa, joder si pesa. Feliz año a todos.

jueves, 28 de noviembre de 2013

El regalo envenenado

Cuando dije que con el nacimiento del bebé se había producido mi muerte social definitiva hablaba en serio. No os imagináis la cantidad de supuestos amigos que no han venido a ver al bebé, intuyo que por una expansión clara del raterismo sevillano, esto es, por no tener que hacerle un regalo al niño. En los pocos casos de visitas sinceras que se han producido, tres venían con las manos vacías (porque no sabían qué comprar, ya lo tendría todo del primero, y bueno, ya cuando haga el añito), tres han hecho regalos sinceros, gracias (una de ellos pañales, no hay mejor regalo en el mundo), y uno me ha dado un regalo envenenado, feo, inútil, sin ticket regalo y con media etiqueta. Como era del Corte Inglés fui a cambiarlo por otra cosa y la dependienta se rió de mi al verme sacarlo de la bolsa. Me explicó que yo traía en mis manos lo que ellas denominaban 'el regalo envenenado'. Desde hace al menos cuatro temporadas (el tiempo que ella lleva trabajando allí, pero no puede asegurarme si la cosa venía de antes) al menos cuatro madres distintas han intentado cambiarlo. Se ve que sin resguardo y con sólo media etiqueta el Corte Inglés no lo cambia, las madres se lo llevan y lo endiñan a otra madre cuando nace otro niño, y así en una espiral de raterismo reconcentrado. La dependienta se disculpó por no poder hacer nada, ya que ni siquiera era de esa temporada, y yo le dije que no se preocupara. No sé si endiñarlo yo en alguno de los nacimientos de mi oficina o dárselo a mi hijo como poderoso amuleto anticrisis. Nunca se sabe.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Segundas partes nunca fueron buenas

Pensaba que para volver a publicar algo en este blog después de tantos meses de silencio tendría que escribir un increíble post resumen de mis últimas vivencias, algo grande y con garra, pero no, mi cerebro ha hecho plof, estoy seca, así que haré un resumen mierder porque de lo contrario no volveré a arrancar jamás: dos meses de reposo médico panzarriba después de mi último post nació mi segundo hijo, que para colmo, tiene el mismo padre que el primero. Ya lo sé, segundas partes nunca fueron buenas, tú estás loca, bla bla bla. Él cuida del primero, yo del segundo. Un bebé y todo lo que trae consigo (salvo depresiones post parto, que de eso no tengo, todo lo demás es mío, sueño, amor incomprensiblemente intenso por tres kilos de carne humana, sueño, sueños, teta, cacas, ropitas, problemas con la higiene personal por miedo a dejar solo al bebé, todo, todo mío, más algo de lectura y algo de cine en dvd y la muerte absoluta de mi ya escasa vida social). Así están las cosas y así se lo hemos contado. Disculpad lo que diga a partir de ahora, no soy yo, son mis hormonas: os quiero, asquerosos, por ser los únicos que permanecéis (sobre todo tú, mi muy mejor amigo, desde esa mierda de país frío donde te has ido a poner cervezas, hijoputa).

miércoles, 3 de julio de 2013

El rancio sevillano

Reconozco que no me gusta catalogar a las personas (cualquiera lo diría), pero me han puesto de compañero nuevo a un rancio sevillano al que dan ganas de violar analmente en el cuarto de las limpiadoras sólo para ver si se le mueve el flequillo engominado, pena que no tenga yo miembro viril, que es una cosa que de pequeña siempre le pedía a los Reyes Magos y que nunca me traían, ja, para que luego digan que son mágicos (eso sí, a cambio me obsequiaron con una cantidad de hormonas masculinas inusual para una chica, pero que no me sirven de nada, salvo para llamar la atención de los médicos de cabecera cuando me hago analíticas y para tener que explicarles a mis amigas lesbianas muchas, muchísimas veces, que a pesar de todo me siguen gustando los tíos). El rancio sevillano del que hablaba trae consigo un amplio muestrario de porno en un pen drive que imagino extensión de su miembro viril, y que usa para codearse (y es literal, se pasan la mañana con las cabezas muy juntas, dándose codazos) con los jefecillos de sección, que no abren la boca porque tarde hora y media en desayunar. El rancio sevillano es capillita, hermano de no sé qué, con su medalla, con sus colectas de donaciones para trajecitos para las imágenes menores, que a veces confecciona su madre, así todo queda en casa. El rancio sevillano también lleva dos meses diciéndonos el número de su caseta de la Feria, donde podremos entrar si preguntamos por él durante el próximo abril de 2014, supongo que confía en no estar contratado sólo durante tres meses, la campaña de verano, vaya. El rancio sevillano nos mira a todas con una expresión extraña, maneja un gesto que mezcla la repulsión con el deseo guarro hacia las mujeres, justo esa expresión que evito en la gente con la que por circunstancias de la vida tengo que compartir ascensores alguna vez. Subiendo y bajando escaleras para evitarle en un espacio reducido se me está poniendo el culo duro para el verano, no os digo nada. Y ahora, después de mi exposición, volvedme por favor a preguntar por qué no termino yo de adaptarme a esta ciudad, a este trabajo, volved a decirme que el problema es mío, queridos, muchas gracias.

viernes, 14 de junio de 2013

La amistad y sus vaivenes

Yo siempre pensé que cuidar a un amigo era suficiente, preocuparse por lo que le pasa, preguntar con interés real, escuchar, estar ahí para cuando te necesiten, pero ah, nunca es lo bastante, nunca lo es, hay que manejar ciertos códigos, hay que pasar por ciertos aros, y ahí es donde me pierdo. Cuando eres adolescente y te ves inmerso en esas tramas celosas de ‘te digo, me dijeron, me dijo’ aprendes algunas lecciones válidas para la vida, como a no fiarte mucho de la gente que al sonreír enseña mucha encía, a alejarte de las personas a las que sólo les interesa un único grupo musical, a no empatizar con quieres te preguntan qué has sacado exactamente en cada examen, en la pregunta tres en particular. Aún así, creo que la adolescencia es el único momento en el que la amistad se me ha presentado de una manera transparente, con su instrumentalidad, con su poquito de cosa rancia y convenida, con su comodidad perfecta y su ilusión, su energía y sus ganas o todo lo contrario. Conforme fui creciendo me di cuenta de que jugaba en un terreno en el que no conocía nada bien las reglas (yo, que siempre aposté por la naturalidad, vi que aquello se quedaba obsoleto a una velocidad de vértigo), y bueno, lo reconozco, me salí un poco a la cuneta a verlas pasar, porque la competición a lo cuadrigas me tenía agotada. Supongo que fue ahí donde perdí el barco, me fumé la clase magistral sobre cómo hacer amigos más allá de los 27 y desconozco las leyes imprescindibles sobre cómo no perder al menos los que malamente conservas en el punto de tu vida en el que de un modo muy patético te pones a hacer recuento. Luego los años pasan y te das cuenta de que la amistad se trabaja, y de que es inútil que te lo curres tú solo, esto es, si no hay reciprocidad, interés mutuo en mantener la cosa a flote, todo se va a la mierda. No sé cuándo estoy siendo pesada: si envío un correo preguntándole a un amigo cómo está y no me responde, ¿es correcto insistir una vez más, dos veces, cinco?, ¿en qué número está el máximo que determina que tu preocupación o interés o necesidad de expresarte egoístamente con otra persona no es recíproco?, ¿hasta dónde estás empujando al otro a ser cortés?, ah, echo de menos el testing del grupo, donde se podía lanzar la sonda, ¿sabes si le pasa algo conmigo a este tío?, ¿será que le caigo mal a menganita? La era email/facebook es tirana, te separa de los de siempre si están muy ocupados y te acerca a otros con los que realmente no sabes si, y a veces piensas, seguro que me llevaría genial con esta persona, pero está lejos, o tiene ya bastante con los amigos que tiene, o no le interesa aumentar su agenda, o no tiene tiempo, tiene hijos, un trabajo absorbente, una pereza absorbente, y al final te ves ahí, sosteniendo los dos extremos de la cadena rota y preguntándote cómo falló ese puto eslabón a pesar de tus esfuerzos. ¿Será que no tengo What´s up? Piensas a veces, en un último intento consumista de no aceptación de tu nula relevancia en tu escaso círculo amistoso. Todo esto es realmente complicado, casi tanto, o más, que una relación amorosa, porque una relación amorosa si funciona pues bien y si no, pues nada, pero una amistad si funciona pues a veces no se puede y si no funciona a veces te empeñas para nada y otras no te das cuenta y mierda, te echas a la cuneta a verlas pasar porque las competiciones a lo cuadrigas siempre te dieron un poco de miedo, es la verdad, hay carrozas demasiado brillantes que por dentro están vacías y el humo no te deja ver cuáles son las buenas, a cuáles seguir, y continúas pensando en lo chulas que eran las que pasaron aquella vez, hace años, aunque hayan tenido que cambiar completamente por dentro para poder seguir corriendo y tú veas sólo lo de fuera, con su poquito de egoísmo, de conveniencia, de alegría o no. Ala, ya he echado el llanto.

martes, 14 de mayo de 2013

Una buena patada en los huevos

Estoy ahorrando. Ahorro dinero, para comprar los libros de algunos amigos o escritores contemporáneos que admiro o que me generan curiosidad, llamadlo como os de la gana, una tiene su dosis de enfermedad y punto, y resulta que sus libros salen pronto o muy pronto y necesito mi antídoto; también resulta que es más barato que el psicólogo, así que ahora desayuno media tostada con aceite sin bebida, me preparo de paso para la operación bikini, y obtengo un saldo extra de 0,50 al día. Voy a echar de menos mis dos Tigretones diarios, pero quiero esas mierdas de otro en papel, soy una sentimental. También ahorro energía, porque llevo un par de meses deseando darle una patada en los huevos a un gilipollas de la oficina y se me está poniendo muy a tiro: como vuelva a decirnos que no hace falta que leamos lo de las sombras de Grey, que él nos instruye, se me va a ir el piececito, lo juro, lo soltaré como un resorte, que para eso lo llevo aguantando en su sitio desde que mi jefe me dijo que necesitaba que tuviera disponibilidad los fines de semana (por menos de setecientos euros al mes, oiga) y que le diera mi móvil personal (porque de empresa no tengo, obviamente) para añadirme al what´s up, por si me tenía que avisar para alguna cosa. También me dijo que le hiciera de espía con una compañera, literalmente, “a lo Clarence Linspector”, imagino que lo de Clarice le sonaría demasiado al Silencio de los Corderos, y que el apellido debe de sonarle a detective privado, o algo. Me negué, claro, pero con las excusas baratas de que no tengo smartphone (con lo que cobro, es normal, le dije, y sonreí) y de que no veo a dicha compañera levantarse o sentarse desde mi oscuro cubículo, ya sabéis, nunca os dije que fuera una mujer valiente.

martes, 30 de abril de 2013

No me hables de futuro

Queridos amigos, creo que he empezado a sentir el efecto de la anestesia que el cerebro destila cuando llega al tope de tres años en estado de absoluta incertidumbre, y os diré que ahora mismo mi mente bloquea todo intento de imaginarme qué será de mí en 2013, es más, bloquea todo intento de que me haga una idea de qué podrá ser de este cuerpo que habito en agosto, el mes que viene, este mismo fin de semana. Se han acabado los planes, el adelantarse. Ya lo decía mi abuelo, si crees que puedes llegar a algo en el futuro es que te olvidas de que hay gente que tiene el poder de permitírtelo o no. He dejado de estar enfadada, y no sé si eso me gusta. Ya no leo el blog de Alberto Olmos ni me cabrea la literatura, ni las editoriales, ni la falta de dinero para consumir buenos libros. Ya no pienso que debería sacarme un título más, un master más, una certificación de idiomas más para conseguir algo mejor, ya no tengo ganas de consumir, no sólo por falta de posibles, sino también un poco por desdén. Amigos míos, queridos amigos, no es depresión, lo sé, es no focalizar; como cuando era una niña y la semana se hacía eterna hasta el siguiente capítulo de Candy Candy y nunca me preocupaba de si al final estaría viva para ver el desenlace de la temporada porque si lo veía bien, y si no también. Todo tiene una importancia relativa, o directamente no la tiene, como decía la vieja tortuga Morla de ‘La historia interminable’, ¿no es cierto vieja? Turn on. Turn off.

miércoles, 10 de abril de 2013

Las clases de sexualidad

A mí sólo me hablaron de sexo en un aula una vez y esto ya es decir mentiras, porque no fue en un aula, fue en el Salón de Actos del instituto, supongo que para revestir la charla de solemnidad y para que la foto del pene erecto y la vulva entreabierta proyectada en pantalla grande no nos diera tanta cosica a los listillos de las primeras filas que, un poco azorados, nos habíamos ubicado estratégicamente en medio de la sala para pasar más desapercibidos. Aquel día a todos nos hizo mucha gracia ver cómo el hombre que daba la charla nos decía a todos las palabras ‘pene’ y ‘vagina’ acompañadas de imágenes de sendos primeros planos, como si alguno de nosotros nunca se hubiera mirado la entrepierna ni, con suerte para nuestros tiernos 16 años, se la hubiera podido ver de cerca a un contrario. Así mis recuerdos lo único que digo es que mientras nos hacíamos los puritanos y soltábamos risitas con los compañeros (la mayoría no habíamos practicado, pero nos sabíamos la teoría en el apartado básico) aquel pobre educador tenía que soltarnos el rollo sobre los condones y el sexo con-sentido (magnífico eslogan de la época), donde todo de basaba en acojonarnos muy mucho con las enfermedades de transmisión sexual, cosa que, al menos conmigo, consiguieron muy bien al ponerme en pantalla grande un primerísimo primer plano de varios órganos sexuales femeninos infectados con venéreas. No soy estúpida, sé que la edad de estar al tanto de las cosas del mete saca ha bajado mucho, y que ya con 12 años los niños y niñas están igual de al día que nosotros lo estábamos con 16 y sueltan las mismas risitas estúpidas en clase cuando la compañera con novio formal pregunta si una se puede quedar embarazada en la ducha sólo con masturbaciones, esto es, sin penetración, y el profesor dice que hay una pequeña posibilidad de que sí si la temperatura del agua es la adecuada y todos se quedan ojipláticos y ya no se ríe nadie. Es por esto que aunque me parece un poco alarmista la polémica de ABC con el folleto sobre sexualidad que la Junta de Andalucía ha editado (aquí para los que no sepan de qué va el tema: FOLLETO) y que se desacredita diciendo que ‘enseña’ posturas sexuales a los inocentes críos, sí que tengo que decir que me choca enormente que en el folleto se hable de todo (el placer, el autoplacer, la libertad y la violencia incluidos) pero ni se mencione una sola vez la palabra ‘enfermedad’. Y digo yo, ¿ya no dan miedo las venéreas y el SIDA? Creo que después de esta reflexión me siento tan vieja que me voy a poner a escuchar esa canción de Nacho Vegas donde el estribillo dice amablemente ‘muy mal, qué mal, nos queda, menos mal, el dry martiny y el sexo anal’.

martes, 19 de marzo de 2013

No te preocupes por nada

Ya sé que dije que iba a estar más positiva, pero sinceramente, siempre que escucho esta frase (y no sólo de boca del gobierno de turno) me echo a temblar. Si alguien me dice que no me preocupe por algo yo me lo imagino dándose la vuelta y redactando mi panegírico, y lo único que me lleva a esta conclusión es la experiencia pura. Tuve un trabajo donde tardaban meses en pagarnos y el jefe vino desde Madrid a tranquilizarnos y traernos las nóminas antes de que nos fuéramos de allí con los Mac bajo el brazo: ‘No os preocupéis, mañana las ingreso’, y a la mañana siguiente lo que vimos fueron las fotos que le habían hecho (un compañero de Deportes, las cosas en el periodismo no pueden ser más cutres) en la noche más putera de su vida, metiéndose nuestras nóminas por el tabique de platino directamente desde el escote de una guarra; y bueno, nunca más se supo. Ahora que tengo ya una edad y que se supone que debo actuar con cabeza y estar alerta de los ‘Tú no te preocupes’ es precisamente cuando no dejo de escucharlos por todas partes. Al final no pillé cacho con Sed de Mal, pero sí que se acostó con una amiga del instituto hace poco, a la que y le dijo, ‘No hay condones, pero tú no te preocupes’, y ahora mi amiga está esperando los resultados de unas pruebas para ver si le ha pegado una clamidia. Mi agente literaria me dice ‘Conseguir publicar tu libro con tu estilo es difícil, pero tiene mucha calidad, tú no te preocupes’, y veo que no saldrá jamás del cajón de mi mesa. Han echado a cuatro compañeros por motivos tan absurdos como mandar un informe sin grapar o publicar un contenido con tres palabras pegadas, pero me dicen ‘Tú no te preocupes’, y sé que es para ir ahorrando para comprar el billete a Sudamérica. La conclusión que saco de todo esto es que siempre hay clases, unos que, pase lo que pase nunca se han de preocupar por nada, y otros a quienes nos han de decir continuamente que no nos preocupemos para que podamos seguir sobreviviendo, consumiendo, actuando de un modo supuestamente moderno, teniendo fe, ya sabéis, si al final el que es pobre y chusma es porque se preocupa mucho y no piensa positivo, ya os lo decía yo. Take your pills and stay calm...

viernes, 8 de marzo de 2013

No more drama

Siempre me dijeron que convenía hacer caso de nuestros mayores, por eso, sin ánimo de ofender, he decidido seguir el consejo del último single de Fangoria, que lanza a los cuatro vientos que no quiere más dramas en su vida, que quiere ‘sólo comedias entretenidas’. Sí señor, ellos han aprendido más que yo de esta vida y saben perfectamente que lo superficial vende y que todo aquello que trasciende el estado puro y cristalino del ocio es desterrado, denostado y hasta negado. Que hayamos conseguido muchas cosas mediante la queja constante (derechos laborales ya casi olvidados, por ejemplo) ya no mola, ahora lo que mola es la sonrisa plana, el qué tal el finde y la cervecita de los viernes, aunque sea con gente a al que escupirías en la cara si no tuvieras que compartir con ellos un reducto de la oficina. Yo, que soy un ser oscuro desde niña y que con el tiempo me he ido dejando ganar por cierta ranciedad intelectual que me resulta muy atractiva en el género masculino pero que se ve a todas luces que no está permitida en el mundo femenino, he decidido claudicar. He de ocultar mi condición, mi convicción de que todo es mierda líquida, y actuar como si acabara de salir de una vaina (pero de una vaina de la positividad, claro está). No sé si lo conseguiré queridos, espero que me deis muchos ánimos y me invitéis a algún trago a horas intempestivas (¿las doce de la mañana?) para sobrellevarlo. No poder cagarse en todo va a ser un auténtico esfuerzo espiritual para mi, sobre todo ahora que la vida me sonríe y la gente me dice que tengo que estar contenta por tener un trabajo en el que, con dos licenciaturas, tres master y un doctorado, gano 647 euros limpios al mes sin pagas extra. Qué felicidad. Ocultar mi condición, ocultar mi condición, permitidme que me lo repita. Me acuerdo ahora mismo de una amiga del instituto, que decidió contar en su grupo de confirmación que había decidido ser lesbiana. Por más que yo le recomendara que ni se le ocurriera soltar semejante bomba en dicho foro ella hizo oídos sordos y fue desterrada de inmediato, no llegó a confirmarse nuca, huelga decirlo. Cuando después de mucho insistir consiguió quedar con una de las compañeras de la comunidad para tomar un café se quedó de piedra al escuchar el argumento de la otra: ‘esas cosas te las callas para ti, a nadie le interesa saber la basura que tienes dentro de la cabeza, si te sientes mal, pues finge’. Creo que es el secreto de la vida, no les digo más que me voy a recolocar la peluca. Que tengan un buen día!

miércoles, 20 de febrero de 2013

Un final trágico, por favor

En días como hoy, en los que el médico de cabecera me pregunta cuando voy a verla si fui una hija deseada o si nací vía cesárea o vaginal, aunque haya ido a la consulta sólo porque me duelen las muelas y no tengo para pagarme el dentista privado, es cuando clamo al cielo un final trágico, por favor. Si no para las doctoras de cabecera (que se enfadan si las llamas así e insisten en que son médicos ‘de familia’, por favor, que para eso tienen la titulación), al menos para mí, para poder meter la cabeza en un boquete y descansar de tanta desfachatez. Pero hoy he pedido ese final trágico con la boquita pequeña, porque en la sala de espera estaba yo leyendo ‘Piezas en fuga’, de Anne Michaels, y una chavala muy joven se ha acercado a preguntarme si estaba bien la novela, porque ella conocía sólo la poesía, gracias a su profesora de literatura. Ah, una pena que fuera una chica y no un tío bueno, pero en fin, le he dicho que estaba muy bien, y me ha contestado, uf, es que no sé si atreverme, estoy hasta el coño de las novelas sobre las víctimas de la segunda guerra mundial y tal, y bueno, yo le he dicho que pensaba que esta era un poco más que eso, en realidad, que le van a encantar los tres narradores, que se va a identificar con el último, aunque sea un hombre, y se ha encogido de hombros, así que bueno, nadie dijo que fuera llegar y topar, los rayos de luz entre las nubes negras no siempre son cosa buena, a veces te dan directamente en los ojos y te dejan cegata, joder, que te quejas por todo, Diva. Supe inmediatamente quién era su profesora de literatura, mi amiga la que escribe ha pillado una interinidad, ah, empuerquemos el cerebro juvenil con calidad, poco a poco, oh yeah...

miércoles, 23 de enero de 2013

Consecuencias de la falta de sueño

Llevo más de dos semanas durmiendo fatal, calculo que una media de tres horas y media diarias. La falta de sueño está causada por varios factores que no alteran el producto, esto es, un humor de perros y algunos mareos más propios del estado etílico que del estado sobrio, pero que con la costumbre se hacen hasta igual de agradables. El caso es que ayer, justo cuando mis ganas de matar alcanzaban un nivel máximo y mi mala cara y mis pelos de punta llamaban la atención de los transeúntes, me encuentro con mi tema pendiente en pleno centro de la sevillanía más rancia. Todo el mundo tiene un tema pendiente en su vida, esa historia que no habría sido más que una muesca en el revólver y que, precisamente por no haber podido ser realizada por uno u otro motivo, pasa a convertirse en una mierda mitificada, esto es así. Mi tema pendiente tenía un nombre vulgar, así que mi muy mejor amigo y yo se lo cambiamos en su día por un apodo mucho más apropiado: ‘el sed de mal’. La cosa era así: ¿sabes de qué me he enterado? De que el sed de mal irá a la fiesta, tía, el sed de mal te ha mirado el culo descaradamente, y cosas como esa. Era sed de mal porque por ese hombre habríamos hecho casi cualquier cosa (yo y todas las de COU B, a eso me refiero, lo aclaro porque luego mi muy mejor amigo dice que la gente que lee mis post piensa que él es gay y no, amigos, de mantilla y peineta, pero con novia, ya saben). Bien, pues como iba diciendo, de bruces me doy con el sed de mal que me llama por mi nombre y me da un abrazo y no sé si me he quedado dormida mientras camino y voy soñando, pero huele de maravilla (y yo confieso que no me había duchado en tres días, el invierno es muy malo). Me dice, estás igual, y pienso que es muy falso o que me recuerda como una mierda, pero me pregunta si no tengo nada que hacer y nos tomamos una cerveza, dos, y entonces voy al baño dando traspiés y vomito. Vomito como una cretina, a la segunda cerveza, supongo que por la falta de sueño y el mal cuerpo. Como sea que el tema pendiente tenía entonces (olor corporal y aliento a vómito de por medio) muchas posibilidades de seguir siendo pendiente, me desinhibo, y al llegar a la barra le digo que en el instituto le llamábamos ‘el sed de mal’. Mi pendiente se queda muy serio, y me dice: “Mira, tenía intención de intentar acostarme contigo porque te tenía muchas ganas desde el instituto, pero mierda, haga lo que haga echará al traste ese apodo, el más increíble que alguien me podía haber puesto jamás”. Y ya. Fin. Siguió siendo pendiente. Mi muy mejor amigo dice que seguro que la tiene pequeña y que no quería que le cambiáramos el apodo por el mini sed de travesuras, pero ya saben, amigos, este es mi consejo de hoy, que el alcohol o la falta de sueño no les haga hablar más de la cuenta, carajo.

jueves, 10 de enero de 2013

Pillar al jefe

A veces aplaudo el escaqueo, como el resto de mortales, supongo, aunque no suelo practicarlo, qué sé yo, quizá por negligencia. Pero el otro día el sol del invierno y ni un solo jefe así que pensé: están todos de vacaciones, autobús y al centro, porque me gusta el centro en las mañanas de invierno con sol y todo el mundo buscando regalos de última hora mientras yo breve paseo y chocolate con churros, nada más allá de la media hora, no piensen mal, pero cambiando el entorno. El problema viene cuando entro a la chocolatería y me siento en una mesa al fondo y a mitad de mi humeante taza veo entrar al jefe con una secretaria de la segunda planta, acarameladitos, comprando cuarto y mitad de bombones para darse un capricho, y me falta leer el periódico al revés porque he visto a la mujer del jefe antes, la conozco, y es más guapa que esta secretaria del segundo, claro que la belleza no lo es todo, no, y con la garganta escaldada y el churro atravesado intento pagar y salir sin llamar la atención para que no me pillen, para que encima no me pillen pillando. No me sorprenden las decisiones de los jefes desde que hace años uno se esnifó mi sueldo de un mes en una noche y me lo confesó así de sincero cuando me lo encontré en un bar a las cuatro de la mañana, mañana no cobras porque me lo acabo de esnifar, total, tampoco cobras tanto, me dijo el muy cabrón con la cara embotada y soñolienta. En esta ocasión espero no comprobar en mis carnes las consecuencias de este escaqueo mañanero, ya que en aquella otra ocasión que os cuento, esa de la noche loca y mi conocimiento accidental de ella, acabó pagándome el FOGASA. Pasen y vean.

jueves, 3 de enero de 2013

Lo que piensas que pasará y lo que pasa en realidad

No suele coincidir, digo, lo que uno piensa que pasará y lo que pasa en realidad, y eso explica fácilmente por qué vamos con mucha expectativa a esos cotillones de Fin de Año y al final sólo pasamos frío y sueño, mirándonos los pies y pisando lodo alcohólico con restos de papel confeti. También puede explicar por qué vas a una cita agachando la cabeza convencido de que será un desastre y te sorprendes regresando a las tres de la mañana con ganas de gritar de felicidad, claro que en este segundo ejemplo puede que tuvieras el estómago más vacío y te hubieran cabido más cervezas o más gintónics, depende. Cuando uno cree que se lo pasará mierda bebe para darle al alcohol el control de la situación, y siempre que le des rienda y media (no las dos, tampoco es cuestión de acabar en coma etílico), la cosa suele manejarse sola mucho mejor de lo nuestras torpes expectativas sabrían conducirla. Lo chungo es cuando me imagino que bebo un poco y me desinhibo y digo lo que quiero decir y la cosa funciona, y en realidad bebo demasiado y hablo más de la cuenta y me entero de cosas que nunca habría querido saber y por supuesto me quedo sin follar una vez más. Pero coño, qué bien nos lo pasamos, ¿no? Viva el 2013.
http://www.jazno.net, qué pedazo de maniquíes.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Todo lo que el dinero puede comprar

Si hago balance, que es lo que toca en estas fechas, el 2012 no ha estado tan mal (ya ven que una hasta se alegra de la mierda que le ha tocado en suerte). Conservo mi trabajo y mi sueldo miserable, los míos están sanos (a él no le tengo como me gustaría, pero está bien y lo sé y eso debería bastarme), he escrito cosas que no tiraría al cubo de la basura, he hecho amigos nuevos, he visto a los de siempre, he dicho cosas en discusiones que nunca pensé que sería capaz de decir en serio y sin refugiarme en la broma, he comprado pocos libros y aún así tengo alguno que otro sin leer aún en mis estanterías canijas, no me han multado en la biblioteca por más de una semana, la simple sensación de proximidad con esa persona me sigue poniendo los pelos de punta, una vez le llevé a la playa en invierno y espero que algún día se acuerde de eso, pagué dos euros para obtener una foto con un papá Noel de Barba torcida y no me arrepentí, visité a un par de amigos en la capital, vi una sola película buena, hice pan y salió rico, me dijeron que no y el mundo siguió andando, dije ‘me cago en la puta’ delante de mi jefe, ventoseé en el ascensor y me hice la loca cuando la cosa se puso fea, maldita verdura ecológica, hablé con un compañero de trabajo sobre pajas adolescentes durante un almuerzo y aluciné al ver que se quedó sorprendido de saber que las mujeres también tienen esa fea costumbre, dije que no unas cuantas veces por pereza y me di cuenta de que no pasa nada si lo hago, me enteré de algo que me dolió por otro, escribí emails muy largos y recibí de vuelta algunos de igual extensión y tremendamente divertidos, y en fin, inevitablemente sigo soñando. Supongo que este balance quiere decir que sigo viva. Sigo viva, señores, y si después de todo esto no me he muerto seguiré escribiendo idioteces aquí, así que Felices Fiestas a todos y feliz entrada en un 2013 que ya veremos lo que nos trae.
(maniquí de http://www.jazno.net)

jueves, 29 de noviembre de 2012

Muestras

Antes, cuando el invierno se me venía encima, sólo tenía que ir a comprar o robar un montón de cremas caras que prometían poner mi rostro lustroso y terso como el de una actriz de cine; luego nunca las usaba más de una semana seguida, ya sabéis, soy una inconstante, pero era bueno saber que estaban en el cajón dispuestas a dar su servicio si la nieve decidía descargar su tormenta en mi cabeza. Entre el inicio y el fin de mi uso de productos de belleza siempre había un polvo definitivo que hacía que quisiera vestir manga corta en pleno diciembre. No hablo de cosmética, ya me entendéis. A veces no hacía falta el polvo, a veces bastaba con la posibilidad, así de tonta es una. La posibilidad es la cosa más dañina con la que me he topado jamás, y bajo su dictamen he cometido las mayores tropelías de mi vida; he aceptado trabajos de mierda, me he hecho amiga de algún insensato, una vez me puse de rodillas, me corté el pelo demasiado, incluso me casé, y luego qué, luego nada. La consecuencia de mi capacidad de ilusionarme con cualquier cosa es un cutis de mierda a los 35. Ahora no tengo dinero para comprar y es más difícil robar, por eso simplemente me voy al Corte Inglés bien arreglada, para recoger muestras gratis. No te dan muestras si no vistes bien, eso lo sabe cualquiera. A lo largo de mi vida, en cada mudanza, he tirado muchos botes de carísimas exfoliantes, hidratantes que empezaron a oler a perro muerto, que picaban en la piel; las he arrojado al cubo de la basura sin contemplaciones, pero no sé por qué, estos días las muestras caducadas del cajón me dan una tristeza infinita, una sensación extrema de desperdicio.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Es una mierda tener sueños

Me explico, ese rollo de las metas está bien para según qué personas (están bien sobre todo para las que pueden encajar bien los fracasos), pero yo me refiero al tipo de sueños que uno sufre mientras duerme, porque esos no se pueden controlar, al menos de manera consciente. Cuando sueño con él me levanto mal, con una sensación horrible, como de haber estado leyendo infinitas veces los cuentos sobre morirse de ‘Velocidad en los jardines’, de Tizón, y no haberme recuperado aún de la lectura. A veces en el sueño tiene la misma cara que a los dieciocho años y yo ya estoy vieja, pero me conmueve igual que me mire por encima de las gafas de sol y me sonría, me hace sentir débil porque no hay nada más frágil que una vieja que vive con intensidad adolescente. Ya sé todo ese rollo de que en los sueños el soñador es siempre todos los personajes, y que cuando le sueño en realidad no es él, en realidad es sólo mi yo romántico y estúpido, pero me levanto con la boca seca y un pellizco enorme en las entrañas, como unas ganas permanentes de dar de vientre. Es una mierda tener dieciocho aunque sea en sueños, no poder recordarme a mí misma que toda ilusión tiene los días contados, que ese sufrimiento tendrá su fin, que me voy a despertar de un momento a otro y que ya mismo es Navidad otra vez, ¿no es para estar contento?